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sábado, abril 14, 2007

La solución como problema

Hace poco me acordaba que cuando yo era muy pequeño e iba con mis amigos a comprar helado, siempre estaba el listo que lo pedía de último para que, supuestamente, le durara más que a los demás. Yo siempre trataba de hacer lo mismo, pero nunca pude hacerlo. Sin embargo, al final, casi siempre el más "listo" era el que más sufría, pues una vez que "los menos listos" nos quedábamos sin helado, todos intentábamos quitarle parte del suyo. Ahora que está tan de moda el tema del calentamiento global, esta extraña imagen -pero estoy seguro que compartida por muchos- la tengo muy presente, pues siento que con las alternativas que se están planteando en la actualidad, lo único que estamos haciendo es sencillamente "ser los últimos en pedir el helado".

Una de las soluciones que se plantean frente al reto de combatir el calentamiento global y que está más de moda son los biocombustibles -curiosamente justo después que en Estados Unidos los poderosos lobbies productores de alimentos se opusieran a que la producción de bioetanol se hiciera a partir de maíz cultivado en su propio país, pues les estaba perjudicando sus negocios. Las consecuencias positivas y negativas de esta moda ya se están sintiendo en todo el mundo. Las positivas dicen que en India se están abriendo nuevas plantas de producción de bioetanol, que Brasil espera incrementar su producción y por lo tanto sus ingresos. Las malas muestran que Colombia ya está importando maíz desde Tanzania y en México ya salieron a la calle para denunciar el incremento excesivo en las tortillas de maíz; en ambos casos por la elevada demanda mundial para obtener biocombustible a partir de este producto. Las consecuencias negativas no son un hecho aislado ni un problema reciente, sencillamente hacen parte de la tendencia que muestran las economías latinoamericanas de pasar de ser productores de su propio alimento a tener que importarlo. Colombia, en la década de los 90, y con la disculpa del libre mercado, pasó de ser país exportador de alimentos a depender de alimentos importados. Probablemente las recientes muertes que se denunciaron hace un par de semanas de niños por hambre en el Chocó, sean tan solo una consecuencia de este cambio en el modelo.

Pero entonces, ¿cual es la solución para que haya helado para todos y que nos dure a todos más o menos lo mismo? Es decir, ¿que tenemos que hacer para que todos podamos tener acceso al agua, o que las poblaciones que se encuentran en las orillas de los océanos no desaparezcan, pero al mismo tiempo disfrutar de la calidad de vida de los países emisores que emiten mayor cantidad de los gases con efecto invernadero? Creo que la solución no es encontrar un nuevo combustible, ni producir vehículos más eficientes, ni fabricar la semilla de la caña de azúcar o del maíz que permitirá obtener una mayor de biocombustible por hectárea. El problema tampoco es el precio del petróleo, ni en las autopistas colapsadas, ni la anticuada tecnología que se utiliza para transformarlos en energía motora. Todos esos son adelantos que sin importar la existencia, o no, del calentamiento global, hubieran sido necesarios de llevar a cabo. No, la solución no radica en esos pequeños adelantos tecnológicos, necesitamos una transformación del sistema. Eran updates inevitables. Si de verdad quisiéramos disminuir los gases que se emiten a la atmósfera por nuestros vehículos, deberíamos concentrarnos en como están concebidas nuestras ciudades y nuestra forma de vida. El problema no es el combustible como tal, el verdadero problema es la razón que nos mueve a desplazarnos, y es en este último punto donde los esfuerzos deberían enfocarse. Pero como siempre, preferimos priorizar lo urgente frente a lo importante. Culpamos al vehículo y su combustible, sin darnos cuenta que el culpable es quien lo enciende.

Me gustaría terminar con una pregunta a manera de mirada perdida: ¿Realmente preferimos tener más posibilidades de acceder a combustibles menos contaminantes que tener que utilizar menos nuestros vehículos? Por supuesto que no estoy sugiriendo dejar de lado el transporte privado, eso sería una distopía, pero si quiero plantear la duda sobre nuestro modelo de ciudad y la supuesta independencia y autonomía que obtenemos cuando nos movemos "libremente". Al respecto, me gustaría recordar una frase de un profesor de urbanismo que ya cité hace un par de entradas: "hacer buenas ciudades es más difícil que ir a la luna, sino miren a los Estados Unidos, ya fueron y volvieron de la luna pero hoy tienen que conducir durante 15 minutos para comprar una aspirina".

martes, marzo 13, 2007

La realidad es terca

terco, ca.(De or. inc.). 1. adj. Pertinaz, obstinado e irreducible
Real Academia de la Lengua Española

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En una entrada anterior lanzaba algunas miradas perdidas sobre la feria de la marihuana que se hizo en Barcelona hace un par de meses y proponía que inspirados en esta feria se explorara el mercado de los productos derivados de la coca. Creía que si en este lado del charco se podía hacer eso, aquí en Europa donde son los principales consumidores del mundo (España ocupa a nivel mundial el segundo lugar), en Colombia donde somos los productores, una feria similar no debería tener mayores inconvenientes. Pero como siempre, la realidad es terca y yo un iluso.

La semana pasada recibí un correo donde se advertía que se iba a restringir el comercio derivado de la hoja de coca porque su comercialización viola "la Convención de Naciones Unidas sobre drogas de la cual el estado colombiano es signatario, en vista de lo cual en adelante, solo podrán elaborarse y consumirse en los territorios indígenas". Busqué información al respecto pero tan solo hoy pude encontrar la confirmación que esto no era tan solo "rumor", sino una realidad. Esta confirmación venía desde un periódico colombiano (ver noticia) que presenta el impacto, evidentemente negativo, que tiene esta decisión en la economía pues cerca de 2.000 personas que se quedarán sin trabajo. Las razones de esta prohibición por parte del estado se basan en convenios firmados hace 46 años; por otro lado, los indígenas argumentan que la verdadera razón son los intereses de Coca-Cola en este segmento del mercado. Desafortunadamente desde la investigación y posterior boicot que desarrolló la Universidad de Michigan, entre otras instituciones, en contra de esta multinacional por sus prácticas en los mercados de Colombia y la India, tengo que decir, que me cuesta creer en la inocencia de la "chispa de la vida". El lado confabulatorio de mi imaginación me dice que se relaciona con que Coca-Cola importa 105 toneladas de hoja de coca al año de Bolivia y temen que el precio de esta materia prima se incremente.

Al respecto de todo esto me pregunto si esta justificada la satisfacción generada en Colombia con la moda del bioetanol, inaugurada por el presidente Bush en su visita a Latinoamérica, mientras que muchos otros países ya nos llevan una gran distancia (en Brasil el 80% de los vehículos funcionan con está tecnología) en su implementación. Sin embargo, mientras vemos como en otros países ya es una realidad este mercado y para nosotros tan solo una promesa de proyecto, nosotros seguimos dejando a un lado el conocimiento milenario de los indígenas. No propongo dejar de producir bioetanol, ni tan solo no invertir en este mercado emergente, mi inquietud se enfoca a que apoyando este tipo de proyectos son donde está el verdadero "El Dorado" que creemos se encuentra tras el nuevo combustible.

Un ingeniero de una de las pocas multinacionales energéticas colombianas, me decía ayer que con el bioetanol en unos cuantos años Colombia puede convertirse en uno de los principales productores a nivel mundial. Eso es una probabilidad, pero dudo mucho que eso ocurra si nos centramos únicamente en esa posibilidad y dejamos a un lado los proyectos en los cuales tenemos todo el proceso en nuestras manos : el conocimiento, el cultivo, las tierras, la tecnología... Quizás este tipo de iniciativas no nos incremente el PIB, ni haga de Colombia un país vanguardista en investigación y desarrollo, ni nos coloque en la cabeza del indice de desarrollo humano, pero probablemente sea un verdadero granito para tener algo mucho más complicado que todo lo anterior: dejar de matarnos.

Es fácil pensar que los negocios basados en este tipo de productos no son muy rentables, sin embargo creo que los más de 142.000 resultados que da el google cuando se busca "grow shop" -almacenes especializados en comercializar productos para el cultivo casero de marihuana-, siembran la duda en cuanto a la no rentabilidad de este segmento de mercado. Si la duda persiste, los invito disfrutar de una fría cerveza producida a partir de la hoja de marihuana y que se puede conseguir en muchos de los supermercados europeos.
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