Mostrando las entradas con la etiqueta urbanismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta urbanismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, marzo 11, 2009

Unas miradas perdidas por Barcelona

En una entrada anterior hablaba sobre cómo la sub-ciudad -aquella que recorremos muchas personas mientras vamos metidos dentro del metro- se va transformando en la medida que avanza el recorrido. Hoy quiero referirme al trayecto inverso y contar a golpe de imágenes y reflexiones posiblemente inconexas, las miradas perdidas que me inspira este trozo de ciudad.

Justo a la salida de mi oficina hay un edificio cuya fachada es de un tipo de vidrio que durante el día evita que se vea hacia el interior pero cuando comienza a oscurecer -las horas en las cuales supuestamente la gente deja de trabajar- y se encienden las luces de cada cubículo, se pierde totalmente la privacidad y se pueden ver los gestos de las personas o las reuniones que se estén haciendo en el momento. Cuando por las noches paso frente a este edificio, me gusta imaginarlo como un panal -tanto por sus cubículos de color miel como por su forma geométrica- que durante el día está cerrado y por la noche, como un Gran Hermano, se puede ver sin restricción qué es lo que pasa en su interior.

Llego a la esquina y busco la parada del Bicing, un sistema de alquiler de bicicletas que en el papel es ideal para una ciudad como Barcelona, pero en mi realidad una oportunidad perdida. Llevo cerca de cuatro meses sin poder acceder a este servicio pues las estaciones siempre están vacías. Lo cual puede ser prueba de su éxito o demostración de la falta de previsión. Todo depende.

Como no me hago ilusiones en esperar que llegue una bicicleta, sigo caminando y paso por un parque muy grande. Pienso en la fortuna que tienen los niños que rodean este parque, pues en el medio de Barcelona contar con un espacio como este, es un privilegio. Sin embargo, mientras pienso en esto, me encuentro con un cartel que dice que ahí está prohibido jugar con el balón, utilizar bicicletas o caminar sobre el prado. Parece que estuviera prohibido todo lo que hace un niño y me da miedo pensar que con tantas normas estamos creando pequeños buenos ciudadanos antes que sencillamente niños, ni más ni menos, niños.

En la esquina de este parque hay un quiosco de revistas y hago mi correspondiente parada para "desinformarme" leyendo únicamente los titulares de prensa. Leo que Henry, el famoso jugador francés del Barça, ha dicho que "Cataluña no es España y eso hay que sentirlo" y entiendo la alegría de aquellas personas que han tomado como su consigna de lucha política esta diferencia: un extranjero famoso había entendido su posición. Me alegro por ellos. Pero no puedo dejar de preguntarme si acaso no hubiera dicho lo mismo de otra región donde, por razones principalmente económicas, estuviera jugando. Creo que todos los sitios son tan radicalmente distintos a los otros, que para poder conocerlos hay que sentirlos, y viceversa. A veces me da la impresión que para algunas personas ser catalán es únicamente ser hincha del Barça, querer la independencia de Catalunya y tener como única lengua materna el catalán. Sin embargo, cada vez estoy más convencido que esa es tan solo una forma de ser catalán y, posiblemente, una forma que deja de lado muchas otras cosas que pueden ser igual de valiosas o incluso mucho más.

Al lado del titular de prensa de Henry, leo en grandes letras amarillas en fondo rojo que no-se-quien le pidió a su hijo que se hiciera pruebas de paternidad, pues cree que el hijo de su nuera, es decir, su propio nieto, no es suyo. En otra revista veo que la pareja ya se hizo las pruebas y que sí, que el hijo sí es de él; fin de la historia: abuela e hijo feliz, madre ex-sospechosa. Al lado de estas dos noticias me entero, por enésima vez, que uno de los miembros del gobierno catalán está en desacuerdo con los otros dos (el actual gobierno está conformado por una coalición de tres partidos: un independentista, un ecologista y un socialista). Quizás este sea uno de esos casos donde la democracia y la tolerancia no significan gobernar conjuntamente con partidos diferentes, sino sencillamente, como partidos muy diferentes intentan conservar su cuota de poder a toda costa.

En fin, dejo el quiosco de revistas y me encamino hacia la calle más curiosa de mi recorrido: en la esquina hay una agencia inmobiliaria especializada en viviendas de lujo, luego un restaurante italiano y una tienda de ropa de deportes extremos y después, un prostíbulo. Sí, así como si nada, aparece un prostíbulo en el medio de un barrio residencial y conviviendo con comercios de todo tipo. Nada que ver con esas zonas degradadas de la ciudad con las que siempre he asociado esta actividad. Pero no es la excepción, en un trayecto de unos 80 metros hay dos prostíbulos "normales", uno de diseño y otro para homosexuales, en total cuatro prostíbulos que conviven con almacenes de "toda la vida" y casas de familias comunes y corrientes. Estos locales, los prostíbulos, están tan integrados dentro de la red comercial y residencial, que más de una vez he visto cómo del restaurante chino que hay en la misma calle sale un grupo de prostitutas para seguir su horario laboral al mismo tiempo que algunos hijos traen a sus padres a una residencia para ancianos que queda puerta con puerta con uno de estos locales, o mientras llegan del colegio los niños acompañados de su niñera. Esta diversidad me ha permitido caminar algunos metros con algunas de las trabajadoras de estos sitios; escuchar indiscretamente sus conversaciones e incluso oler los perfumes que utilizan.

Justo después de esta zona residencial-comercial, hay una gran calle donde hay muchas oficinas y donde pululan los Audi, Mercedes y Porsche último modelo. Aunque no soy muy aficionado a este tema, sí me causa curiosidad ver el interior de estos coches. Siempre ves cosas curiosas: el diseño del tablero, la cantidad de botones que tiene ahora el manubrio o el tamaño de las sillas. Una día, a eso de las 4 de la tarde vi que dentro de un Peugeot último modelo había dos hombres muy bien vestidos hablando y, por sus gestos, mostrando el uno al otro algo que tenían en las manos. Al pasar junto a ellos y fijarme en sus manos vi cómo, en un gesto rápido y absolutamente desesperado, uno de ellos, el que iba mejor vestido, hacía desaparecer bajo su nariz dos líneas de un polvo blanco que tenía muy bien alineadas sobre su iPod. No comments.

De este punto a la parada de mi autobús, todo es menos extraño, o al menos después de siete años así me lo parece: las calles están limpias y en su gran mayoría adaptadas para las personas ciegas, discapacitadas e indirectamente, para los padres que van con sus cochecitos de bebé por los andenes; la gente respeta el paso de cebra y los coches los semáforos; en la parada del autobús, y aunque no haya ningún bus, todos hacemos cola esperando que llegue, sin tener que preocuparnos por si alguien nos viene a robar.

Mientras espero pacientemente el bus que sale a la hora prevista, me alegra saber que estoy en una ciudad que por su tamaño y diversidad parece estar hecha para ser caminada y por su diversidad, para ser disfrutada.

domingo, febrero 24, 2008

La ciudad de la furia

En sus caras veo el temor
Ya no hay fábulas
En la ciudad de la furia

La ciudad de la furia - Soda Stereo
***
Desde que conocí Barcelona siempre me llamó la atención la escala humana que tiene la ciudad. Es una ciudad que fue pensada y diseñada hace casi 150 años por Idelfonso Cerdà, y que aún hoy, a pesar de los cambios sociales que han habido, sigue mostrando sus virtudes y solidez. Sin embargo, últimamente, y gracias a la excesiva normatividad referida a la convivencia entre sus habitantes, la ciudad humana que tanto me gustaba, está dando paso a la ciudad de las normas y las restricciones. De la ciudad mediterránea, caótica, diversa y viva, se está pasando a la ciudad de las normas y del diseño. Con esto no defiendo la ciudad sin ley, por el contrario defiendo la ciudad de las leyes pensadas para disfrutar de ella y estoy en contra de la ciudad que prioriza la admiración de sus espacios urbanos sobre su utilización. Me imagino que priorizo la vida urbana sobre la belleza urbana.

Este breve pre-epitafio a la ciudad humana que conocí hace 10 años, tiene que ver con un artículo que salió en días pasados en la Vanguardia, que refleja una entrada que siempre me pensé en escribir y que sin saber la razón, nunca lo hice. Cuando leí este artículo me acordé la primera vez que, en una de mis eternas caminatas por sus calles, vi una señal que no pude creer y tuve que verla varias veces y preguntar varias más para confirmar que era cierto lo que entendía. En una esquina cualquiera -ni más bonita, ni más fea, es decir, una esquina de barrio- vi al lado de una señal de prohibido sacar a los perros sin lazo, una señal que tenía un balón con la señal de prohibido. Cuando lo pregunté, me confirmaron mis peores sospechas: no estaba permitido jugar con un balón en la calle.

Este artículo que transcribo, tiene que ver con la muerte de la ciudad pensada para vivir y crecer, y el nacimiento de la ciudad para pasar y observar. Hoy creo que Barcelona ha pasado de una ciudad viva a una ciudad de diseño, de una ciudad con los niños en la calle a la ciudad temática.

En fin. Paz en la tumba de la ciudad que conocí.

omchamat

****
Los niños de Barcelona disponen cada día de menos espacios de ocio

Enrique Molina chuta, pero chuta flojo, y su hijo Pau, de 12 años, le devuelve la pelota de goma con una patada un tanto reprimida, en el parque del Escorxador, junto a la plaza Espanya. "Cuando yo era pequeño - relata el padre, de 36 años-, después de que derrumbaran el matadero, esto era un solar con una valla y todos los críos del barrio la saltábamos para jugar a la pelota; luego nos apañamos un agujero para entrar". "Yo los vigilaba desde la ventana de la cocina", dice sentada en un banco su madre, Felicitas, abuela de Pau. El niño pisa prudentemente la pelota mientras una pareja de ancianos se aleja. "Porque por aquella época había hombres que se acercaban a los niños diciendo que eran entrenadores de fútbol, pero era mentira", añade Felicitas.

Aquí los niños no juegan entre ellos como salvajes, juegan con sus padres, con moderación, sus pantalones nunca necesitan rodilleras. "Antes esto estaba lleno de agujeros y taludes, piedras y grava - prosigue Enrique-. Teníamos las rodillas siempre destrozadas. Organizábamos los equipos.

Nos peleábamos. Nos defendíamos de los críos de otros barrios que venían a robarnos el solar, a conquistarlo. Sin adultos. Era un mundo aparte. Ahora es un parque muy bonito, pero algo se ha perdido. Ahora los críos juegan al balón en el colegio, con entrenadores, árbitros, equipación... El pequeño Pau lo confirma. El niño no deambula en pandilla por la ciudad en busca de descampados. Juega al futbito de manera tutelada en las controladas instalaciones de su colegio.

"Es una desgracia - dice el poeta Enric Casasses-. Estamos sacando a los niños de las calles, vivimos en la sociedad del control, el miedo, los coches, el negocio. Las terrazas de los bares y las rotondas de las carreteras son más importantes que los juegos de los niños. El negocio es ya más importante que la diversión de los niños. Yo nací en Sant Gervasi, y cuando era pequeño, entre Gràcia y Via Augusta, y en los alrededores de General Mitre, había muchísimos descampados. Ahora sólo hay edificios, normas, prohibiciones, señales, signos... Todo está regulado, cada centímetro cuadrado de la ciudad tiene una clara función.

Todo es orden y miedo a la libertad. Faltan en las grandes ciudades espacios anárquicos para los chavales -concluye el poeta-, espacios de libertad donde aprender a vivir a base de pedradas, como antes. Ya no hay lugar para la espontaneidad. Y la consecuencia es que los niños se hacen mayores prematuramente. Antes las madres mandaban a los niños a jugar a la calle. Ahora necesitamos centros y organismos con autorización oficial para todo. Los descampados siempre permanecerán en mi espíritu. Estamos perdiendo una cultura tribal infantil de orígenes probablemente prehistóricos".

Aguardar a que los líderes elijan uno a uno a los que formarán sus equipos, sobreponerse a ser escogido tras el chaval que tiene una pierna más corta que la otra, y el positivo reflejo de lo que para uno es una humillación: la superación personal, crecerse ante las adversidades, unir fuerzas contra los abusones... A pocos minutos del parque del Escorxador, en un colegio religioso del Eixample se celebra una jornada de una liga de fútbol sala. Los preadolescentes lucen equipación. Sus gestos - cómo se suenan los mocos regresando de espaldas a la defensa tras lamentar que el chut se fuera alto- son los propios de los futbolistas profesionales. El entrenador increpa al que se desmarca de la táctica y encara individualista un tercer regate. Los padres comentan la clasificación. Los de rojo retrasan la pelota y duermen el partido porque quedan pocos minutos para que se acabe y ganan por uno.

Josep Maria Elias i Costa es el presidente del Col · legi de Pedagogs de Catalunya. "El excesivo tutelaje de los juegos de los niños no trae una mejora de su desarrollo - sostiene-. Antes de los seis años debe imperar el control sobre todas las actividades del pequeño, pero entre los siete y los quince años los niños deben contar con cierta libertad para reforzar la autonomía, la responsabilidad y las herramientas psicológicas para encarar conflictos, aceptar la derrota, pedir ayuda...".

"Los niños - añade- tienen que mezclarse, luchar, competir, medir sus habilidades. Ello los dota de la capacidad de reflexionar por qué no han salido adelante. A mayor control, mayor inmadurez y menos imaginación. Cuando yo era niño, jugábamos a meter las pinzas en los agujeros de los árboles: defendías y atacabas. Entonces las pinzas eran cualquier cosa, por ejemplo una pistola. Ahora, si preguntas a un crío para qué sirven, te dirá que para tender la ropa", argumenta.

"Los niños crean juegos y reglas con cualquier cosa, sólo hay que proporcionarles los elementos - concluye el portavoz de los pedagogos de Catalunya-. Nuestra sociedad padece una exagerada sobreprotección de la infancia, especialmente en las grandes ciudades como Barcelona, porque la urbe es más agresiva, su tráfico más peligroso y en la sociedad de la información uno se entera de todas las desgracias que ocurren en el mundo: el resultado es que uno teme que eso le pase a su hijo".

Seis chavales del barrio del Raval de unos diez años saltan entre berridos la valla del CEIP Collaso i Gil. Juegan a Peligro: "Sólo puedes darle a la pelota una vez antes que le dé otro", "al que le das pierde vida", "tocado, herido y muerto", "los muertos son eliminados y gana el último", "me quito las gafas porque una vez me las rompieron", "hay que colarse porque por aquí no hay sitios para jugar", "hay pabellones pero tienes que pagar", "el Peligro es mejor que el fútbol porque a muchos sus padres no les dejan ir a la calle por la tarde y casi nunca podemos formar equipos potentes", "los bebés tienen sitios con tobogán", pero "allí las madres no te dejan jugar a Peligro", "yo estoy haciendo un plan para colarnos en el Camp Nou", "y yo me voy a colar en tu casa", "no", "sí", "te vas a enterar", "¡todos contra todos!", "¡mi brazo, mi brazo!".

El urbanista Lluís Brau se crió en la plaza Lesseps. "En los cincuenta era una gran explanada sin urbanizar frecuentemente embarrada donde estábamos horas jugando. En otoño venía una feria en la que pasábamos las horas sin un duro. Ninguna plaza, ni la somera urbanización de los sesenta, ni el burdo Scalextric de los setenta, que ahora se sustituye por otro de diseño, llegará nunca a tener para mí el encanto, la funcionalidad ni el uso urbano del antiguo descampado inundable.

En los alrededores había solares vallados donde nos colábamos y montábamos guaridas. Una vez se me clavó una espina de palmera y me tuvieron que poner la vacuna del tétano y estuve varios días sin ir al colegio y...". El urbanista Brau también dice que el protagonismo del coche y la presión del mercado inmobiliario expulsan de las calles a los críos. Añade que el tráfico mata cada año en Barcelona a una cuarentena de personas y por eso a los padres les da miedo que sus hijos vayan solos por la ciudad. Y que la presión del mercado inmobiliario es tan fuerte que la alta rentabilidad económica de cada metro cuadrado destinado a usos privados relega a un segundo plano en el proceso de toma de decisiones los etéreos beneficios sociales del uso público del suelo.

"Ello no debe achacarse sólo al mercado como un ente anónimo que funciona independientemente de la voluntad política - agrega el también urbanista Ferran Navarro-: las instituciones tienen una gran responsabilidad". Hace un lustro, Navarro fue uno de los impulsores de la plataforma ciudadana Recuperem les Places de Gràcia. "Reivindicábamos que las plazas fueran espacios de ocio infantil y no una prolongación de los bares. También pedimos al Ayuntamiento que ejecutara el plan de espacios públicos que había aprobado tras un amplio proceso de participación ciudadana. El plan dotaba a Gràcia del doble de espacios públicos de los que tenía, y de los que tiene. El Consistorio se enrocó argumentando que el plan no era económicamente viable. El problema es que las corporaciones locales recaudan una proporción muy importante de sus presupuestos mediante impuestos de obras. Luego, los promotores urbanizan una plaza insuficiente para las viviendas de nueva construcción que levantan, pero las administraciones se conforman. Los municipios son reticentes a reformar la ciudad consolidada porque son operaciones difíciles que comportan pérdidas de votos a corto plazo. Oriol Bohigas se preguntaba por qué el Ayuntamiento insistía en hacer tantos patios interiores en el Eixample en vez de expropiar una manzana y hacer un gran parque, un lugar de encuentro", sostiene.

Navarro termina diciendo que, a pesar de que en la cultura mediterránea el espacio libre es una necesidad social, "nuestros niveles en este sentido son tercermundistas. Por ley, a cada ciudadano le corresponden cinco metros cuadrados. En Inglaterra son 25. Y el verdadero espacio libre es el que está a cinco minutos de casa, no en Montjuïc o en el Tibidabo. Además, en la ciudad de Barcelona se consideran algunas calles como espacio libre, como se consideraron las copas de los árboles en la época de Porcioles". Pero allí no se juega.

viernes, octubre 05, 2007

No todo está perdido

Hace algunas semanas, publiqué una entrada en relación a la percepción que se tiene del fenómeno migratorio por parte de un lector de un periódico -por cierto nada de "problema de la inmigración"como se oye frecuentemente; la inmigración es un fenómeno, al igual que el incremento de turistas que también son un fenómeno que incide sobre la realidad urbana- . Hace poco me volví a encontrar una carta en el mismo sentido, pero con un enfoque diferente y que quería compartir en este espacio:

"Hace tres años que mi pareja y yo vivimos en el Raval. Los dos somos arquitectos y decidimos dejar el cómodo Eixample barcelonés [zona central de Barcelona] para vivir en este barrio. Pero lo que no imaginábamos era que cada día sería una aventura.

Vivimos cerca del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba), y cuando salgo de casa para ir a trabajar, lo primero que he de hacer es verificar que no haya ningún excremento en el portal (ya sea de perro o humano) para poder seguir mi marcha. De camino al metro paso por delante del Macba, cuya plaza vacía muestra los excesos del botellón de la noche anterior. Doblo la esquina y paso por el lateral del museo, y me encuentro con los orines y losvómitos de los indigentes que duermen en uno de los soportales del museo.

Al volver a casa por la tarde atravieso la misma plaza, esta vez atestada de jóvenes y no tan jóvenes skaters (otra actividad vetada por la normativa cívica de Barcelona) venidos de todas partes de Europa a la cool Barcelona.

Llegar a casa es todo un placer: ruido de mi vecino dj y música que sube por las estrechas calles de la nueva tienda de moda en el barrio. Llamo a la Guardia Urbana y me dice que ellos han estado en casas donde el ruido impide oír a tu interlocutor a un metro de distancia. Dicho esto, se van y no vuelven.

Cuando hablas del Raval, siempre te preguntan por la inmigración. Éste es el menor de los problemas. Paquistaníes, filipinos, etcétera, son los que menos problemas producen en el barrio. Suelen ser gente trabajadora que intentan salir adelante lo mejor que pueden. El verdadero problema de este barrio lo provoca la inmigración de primer nivel (la europea de vuelos low cost), que usa esta ciudad como la sala de fiestas de Europa.

Sinceramente creo que donde reside el verdadero misterio del Raval es en la dejadez de las autoridades municipales a la hora de preservar un barrio histórico situado en el centro de la ciudad."

Fernando Rial, Barcelona.
El País Semanal - Sección cartas de los lectores
Hasta hace unos años, el barrio al que se refiere la carta, era llamado el Barrio Chino. Para evitar alimentar los tópicos, se decidió cambiar el nombre por el Raval. Hoy en día, es uno de los sitios por donde más me gusta caminar: en un mismo andén se encuentra un restaurante de comida catalana abierto en 1929 que aún hoy en día es un sitio de referencia y a 20 metros, una mezquita. Cruzando la calle está la futura filmoteca de Catalunya cuyo frente da a la rambla del barrio y a uno de sus símbolos: un gato de Botero. Una rambla que, intuyo, concentra la mayor densidad de venta de shawarma de toda la ciudad y para mí, el mejor restaurante de comida hindú. Todo el barrio es un verdadero placer para los sentidos: una calle donde muchas mujeres ejercen la prostitución, un hotel de diseño, una peluquería para marroquíes, una discoteca latina, uno de los centros de enfermedades tropicales más importantes de España y una de las plazas más silenciosas y románticas de la ciudad, se encuentran en un radio de 200 metros. Los que han vivido en esta ciudad toda su vida, dicen que es un barrio peligroso, yo lo encuentro más que peligroso, delicioso.

***
Después de volver a leer la carta tengo la sensación que en lo que se refiere a los tópicos que se manejan en torno a los inmigrantes, no todo está perdido. Queda mucho recorrido por delante, pero ahí está la semilla, lo que tenemos que hacer es alimentarla.

lunes, junio 04, 2007

Respuesta a Borg

Personalmente me resulta más fácil escribir sobre aquello que tengo dudas o aquellas cosas con las cuales no estoy de acuerdo, que sobre aquello que tengo certeza: no creo que alguna vez escriba algo sobre una campaña para eliminar el hambre en el mundo, pero si comentaría sus mecanismos. Por eso mismo, en esta entrada parto de los comentarios de Borg (un comentarista que defendía, al menos parcialmente, los argumentos que aparecían en "La Carta"), pues creo que los argumentos que usa son apenas parte de la verdad.

Comenzando por el último comentario de Borg, donde dice que "en las guarderías y colegios están obligados por Real Decreto a guardar un tanto % para alumnos especiales, el 90% de este porcentaje está ocupado por inmigrantes", me gustaría conocer si el decreto que menciona dice específicamente que una de las condiciones que hacen "especial" al niño es ser extra-comunitario*. Sinceramente lo dudo mucho, dudo que, de acuerdo al principio de "todos iguales" sobre la cual se basa la legislación española, se haga esta distinción. Más bien creo que la ley determina unas condiciones puntuables que determinan el riesgo de exclusión social que tenga el niño y de acuerdo a esa puntuación lo hace o no elegible. Desafortunadamente la situación en la que viven muchos inmigrantes, hacen que en este colectivo sean donde se encuentren el mayor número de personas que cumplen este requisito y por lo tanto tengan el derecho de acceder a ese recurso. El titular de la prensa puede decir "los inmigrantes acaparan las plazas de guardería" o "los inmigrantes son el grupo con mayores dificultades para pagar una guardería". Los dos titulares son realidad pero el mensaje es muy diferente.

Mientras escribo esto me surge una pregunta: Si somos todos iguales ante la ley, que explicación existe para que un inmigrante extracomunitario* después de cinco años de vivir en España, con su situación legal en orden y que paga todos los impuestos no pueda votar en las elecciones municipales, pero un comunitario, que viene por unos meses y se empadrona si tiene derecho?... no estoy diciendo eso sea racismo, pero si digo que ante la ley unos son más iguales que otros.

Ahora bien, el otro tema que por mi formación profesional (urbanismo) me interesa es el tema de la convivencia en la ciudad. Una de las cosas que más me ha llamado la atención en España, y creo que en la mayoría de ciudades europeas, es que los edificios no tienen un área de encuentro común, un espacio donde los que viven allí se puedan reunir para tratar los temas que afectan a todos o donde puedan celebrar la fiesta de sus hijos, creo que es más fácil encontrar un edificio con piscina que con salón comunal -los espacios para las reuniones son los rellanos de las escaleras y todos de pie. Si a esta falta de espacios para reunirse, se le une el hecho que muchas de las viviendas en que viven los inmigrantes estén sobre ocupadas, se tiene que uno de los pocos sitios donde se pueden reunir con sus vecinos es la puerta de entrada del edificio. Que los inmigrantes tenemos que ser conscientes de esta nueva forma de espacio público, no se pone en duda, pero creo que también falta compresión por parte de la sociedad de acogida en este sentido, y porqué no, la humildad para re-aprender la costumbre mediterránea de los espacios públicos, de los espacios comunes y compartidos que las ciudades modernas han dejado a un lado para reemplazarlos por centros comerciales.

Para finalizar, Borg dice que el 75% de los presos en las cárceles son inmigrantes (¿de qué fuente sale esta cifra?). Me gustaría saber que tipo de delitos han cometido esos inmigrantes, pero no creo equivocarme si digo que en un gran porcentaje serán crímenes relacionados con drogas y prostitución. Dos negocios de los cuales los clientes, en la mayoría, son la sociedad de acogida. En el caso de los que están por drogas, son delincuentes que los descubren vendiendo un producto a personas que tienen 50-80 euros para pagar un gramo de cocaína. No sé si sea una pregunta valida, lo dije al principio, escribo sobre mis dudas y no sobre mis certezas, pero ¿acaso el comprador no es también culpable? A los colombianos nos persigue la fama de ser los más grandes productores de cocaína, sin embargo no conozco ningún país que lo persiga la fama de ser el más grande consumidor de sustancias ilegales. Relacionar inmigración y delincuencia es tan cierto, y tan falso, como relacionar nacionalismo con terrorismo, globalización con catástrofe, islamismo con Al Qaeda, o España con paella y toros.

Por otro lado, también me gustaría saber si es victimismo o intolerancia mía, pensar que es racismo cuando oí decir por altoparlantes que "la música, que más que música era ruido, que hicieron los fedelatinos molestó nuestra actividad" (sic). Esto lo oí en el discurso de clausura del día la terra que se celebró en Barcelona y que contaba con el apoyo del ayuntamiento. No sé si eso es intolerancia mía o del otro. Que piensan?... (más allá del lugar común, pero no por eso falso, de "son unos pocos").


*Los comunitarios son los ciudadanos de la Unión Europea.

PD. Espero no perder la costumbre semanal de actualizar el blog, de todas maneras gracias por las visitas y sobretodo por los comentarios!!!

sábado, abril 14, 2007

La solución como problema

Hace poco me acordaba que cuando yo era muy pequeño e iba con mis amigos a comprar helado, siempre estaba el listo que lo pedía de último para que, supuestamente, le durara más que a los demás. Yo siempre trataba de hacer lo mismo, pero nunca pude hacerlo. Sin embargo, al final, casi siempre el más "listo" era el que más sufría, pues una vez que "los menos listos" nos quedábamos sin helado, todos intentábamos quitarle parte del suyo. Ahora que está tan de moda el tema del calentamiento global, esta extraña imagen -pero estoy seguro que compartida por muchos- la tengo muy presente, pues siento que con las alternativas que se están planteando en la actualidad, lo único que estamos haciendo es sencillamente "ser los últimos en pedir el helado".

Una de las soluciones que se plantean frente al reto de combatir el calentamiento global y que está más de moda son los biocombustibles -curiosamente justo después que en Estados Unidos los poderosos lobbies productores de alimentos se opusieran a que la producción de bioetanol se hiciera a partir de maíz cultivado en su propio país, pues les estaba perjudicando sus negocios. Las consecuencias positivas y negativas de esta moda ya se están sintiendo en todo el mundo. Las positivas dicen que en India se están abriendo nuevas plantas de producción de bioetanol, que Brasil espera incrementar su producción y por lo tanto sus ingresos. Las malas muestran que Colombia ya está importando maíz desde Tanzania y en México ya salieron a la calle para denunciar el incremento excesivo en las tortillas de maíz; en ambos casos por la elevada demanda mundial para obtener biocombustible a partir de este producto. Las consecuencias negativas no son un hecho aislado ni un problema reciente, sencillamente hacen parte de la tendencia que muestran las economías latinoamericanas de pasar de ser productores de su propio alimento a tener que importarlo. Colombia, en la década de los 90, y con la disculpa del libre mercado, pasó de ser país exportador de alimentos a depender de alimentos importados. Probablemente las recientes muertes que se denunciaron hace un par de semanas de niños por hambre en el Chocó, sean tan solo una consecuencia de este cambio en el modelo.

Pero entonces, ¿cual es la solución para que haya helado para todos y que nos dure a todos más o menos lo mismo? Es decir, ¿que tenemos que hacer para que todos podamos tener acceso al agua, o que las poblaciones que se encuentran en las orillas de los océanos no desaparezcan, pero al mismo tiempo disfrutar de la calidad de vida de los países emisores que emiten mayor cantidad de los gases con efecto invernadero? Creo que la solución no es encontrar un nuevo combustible, ni producir vehículos más eficientes, ni fabricar la semilla de la caña de azúcar o del maíz que permitirá obtener una mayor de biocombustible por hectárea. El problema tampoco es el precio del petróleo, ni en las autopistas colapsadas, ni la anticuada tecnología que se utiliza para transformarlos en energía motora. Todos esos son adelantos que sin importar la existencia, o no, del calentamiento global, hubieran sido necesarios de llevar a cabo. No, la solución no radica en esos pequeños adelantos tecnológicos, necesitamos una transformación del sistema. Eran updates inevitables. Si de verdad quisiéramos disminuir los gases que se emiten a la atmósfera por nuestros vehículos, deberíamos concentrarnos en como están concebidas nuestras ciudades y nuestra forma de vida. El problema no es el combustible como tal, el verdadero problema es la razón que nos mueve a desplazarnos, y es en este último punto donde los esfuerzos deberían enfocarse. Pero como siempre, preferimos priorizar lo urgente frente a lo importante. Culpamos al vehículo y su combustible, sin darnos cuenta que el culpable es quien lo enciende.

Me gustaría terminar con una pregunta a manera de mirada perdida: ¿Realmente preferimos tener más posibilidades de acceder a combustibles menos contaminantes que tener que utilizar menos nuestros vehículos? Por supuesto que no estoy sugiriendo dejar de lado el transporte privado, eso sería una distopía, pero si quiero plantear la duda sobre nuestro modelo de ciudad y la supuesta independencia y autonomía que obtenemos cuando nos movemos "libremente". Al respecto, me gustaría recordar una frase de un profesor de urbanismo que ya cité hace un par de entradas: "hacer buenas ciudades es más difícil que ir a la luna, sino miren a los Estados Unidos, ya fueron y volvieron de la luna pero hoy tienen que conducir durante 15 minutos para comprar una aspirina".

lunes, febrero 05, 2007

La respuesta está en los libros

Ya nadie está dispuesto a ser considerado responsable, todo el mundo aspira a pasar por desgraciado, aunque no esté pasando por ningún trance en particular.
La tentación de la inocencia – Pascal Bruckner. Ed. Anagrama. Barcelona,2005.
_______

Para los que no conozcan Barcelona, la ciudad actual es el fruto de un ambicioso plan de crecimiento urbano redactado hace más de 150 años. Un plan que unió el casco antiguo con los cinco municipios que en esa entonces se encontraban en su entorno, y que hoy son barrios perfectamente integrados a la matriz urbana. De acuerdo a una serie de conceptos donde primaban la accesibilidad y salubridad, se diseñó una cuadrícula perfecta de calles y manzanas para urbanizar el terreno que estaba entre el puerto y sus pueblos vecinos*. Una de las calles principales de este ensanche urbano, fue, y sigue siendo, el Passeig de Gracia, una vía que en linea recta conecta lo que entonces era un pueblo retirado (Gracia) y donde vivían las personas más adineradas, con la zona comercial del puerto. Gracias a lo amplio de su calzada y a la prosperidad económica de la época, a lo largo de esta vía los arquitectos con más renombre de la época hicieron algunas de sus obras más conocidas (Gaudí, Montaner...). Hoy en día esta calle sigue siendo de las más visitadas de la ciudad, en parte por los monumentos arquitectónicos que allí se concentran, pero cada vez es más visitada por por los locales comerciales que allí se ubican: Gucci, Valentino, Louis Vuitton, Dolce & Gabbana, Mont Blanc...

Caminar por Passeig de Gracia un día cualquiera es una experiencia que toda persona que visite Barcelona debe hacer. Junto a patrimonios de la humanidad como la Pedrera o la Casa Batllò, se pueden ver las últimas tendencias de moda que exhiben las tiendas de marcas exclusivas donde sin ningún rubor se muestran relojes de 10.000 euros, bufandas de 300, bolsos de 5.000 o bolígrafos de 1.200. Si se quiere después se puede visitar uno de los apartamentos de "alto standing" que sin ningún esfuerzo superan la barrera del millón de euros y si aún quedan ánimos (y ceros en la calculadora) se puede comer en alguno de los restaurantes donde el precio promedio por persona es 90 euros (propina no incluida). Pero una de las maravillas de esta calle son sus increíbles contrastes: se puede ver el mundo desarrollado, en los siempre limpios vidrios de esos almacenes de moda, o puedes mirar la lucha diaria por sobrevivir de la mayoría de la población, que se resume en el inmigrante que viene de alguna de las ex-colonias europeas vendiendo imitaciones chinas de relojes, bufandas, bolsos o bolígrafos frente a las entidades bancarias que prestan el dinero para comprar "esas necesidades de la moda. El sur y el norte en una sola calle.

Estas reflexiones surgían mientras me dirigía hacia una cita en la Plaza Catalunya, otro de los sitios emblemáticos de la ciudad. En el camino entré en una librería buscando luces para poder entender esta aparente contradicción. Comencé mi búsqueda por la sección de arquitectura, pero además de las alabanzas lógicas a la arquitectura moderna, no encontré nada al respecto; luego me dirigí a la sección de ciencias sociales y aparte ojear algunos libros sobre independentismo y África, no vi nada que me llamara la atención. Mi último destino en la librería (ya iba tarde a mi cita) fue la sección de "actualidad". En esta sección encontré lo que buscaba, una colección de libros que refleja, de acuerdo a la librería, lo que preocupa/interesa al público en general. Después de hacer una lectura rápida a los libros y sus contraportadas me quedó claro que esas aparentes contradicciones entre lo más rico y lo más pobre, entre lo necesario y lo superfluo, entre un cero o muchos ceros, no es una contradicción, es una de las estrategias que hemos creado para poder despertarnos. Creo que si despertáramos cada mañana y viéramos el mundo como en realidad es, quizás el mundo sería como el nombre que toma el Passeig de Gracia una vez se inserta en el barrio: "Gran de Gracia", o si se lee más rápido, una "Gran desgracia". El siguiente es un breve listado de los libros y que uno junto al otro, al igual que en la calle, se encuentran en la sección de "actualidad" de esa librería:
  • El malestar de la globalización (J. Stiglitz): La globalización puede ser una fuerza benéfica.
  • Reivindicar el Desarrollo (Intermon Oxfam): La necesidad de crear condiciones necesarias para el desarrollo en los países pobres.
  • La noche que quemaron a la mendiga (Arturo San Agustín): Tres jóvenes, uno de ellos menor de edad, han sido detenidos acusados de la muerte de una indigente a la que prendieron fuego tras rociarla con un disolvente en un cajero automático donde dormía. Basado en hechos reales.
  • Boda, cárcel y fama (Ana María Ríos): La autora cuenta en un libro el drama que vivió en Cancún a causa de unas armas introducidas en su equipaje, y como fue su salto de la tragedia a la fama. Hace poco salió desnuda en la portada de una revista española (interviu)
  • Mutilada (Khady): El trágico testimonio de Khady es el de una niña que, a los siete años, sufrió la mutilación genital.
  • La trama Malaya (Angela Porterio): El romance entre un ex-alcalde y una reconocida cantante que rompió la corrupta armonía de Marbella. Basado en hechos reales
y al hacia el final del stand de actualidad me encontré el siguiente:
  • Good bye Platón: Filosofía a Martillazos (Josep Muñoz): Un cuaderno de bitácora para explorar los vericuetos de la filosofía, sin complejos, sin agobios y sin concesiones al dogmatismo.
Y después dicen que en los libros no encuentras las respuestas a tus preguntas.


*Para saber más sobre el Plan Cerdà -supongo que por mi (de)formación profesional creo que es una de las maravillas de Barcelona-, como se le conoce, click aquí.

viernes, diciembre 29, 2006

Problemas de convivencia

La ciudad tiene su origen en una función que hoy en día es asumida cada vez más frecuentemente por los centros comerciales: concentrar en un mismo espacio una gran diversidad de productos y servicios para disfrutar el tiempo libre. Sin embargo, a diferencia de los centros comerciales, la ciudad debe cumplir un papel adicional y es el de ofrecer diversidad no solo de productos para la compra sino también el crear un espacio que favorezca el encuentro e intercambio de información entre personas. Es decir la ciudad no debe ser una larga fila de hormigas que camina hacia su fuente de comida, donde los encuentros son para corregir el camino hacia/desde el hormiguero, sino que la ciudad debe parecerse más a esas grandes lagunas en la selva donde diferentes animales van a alimentarse, donde la diversidad de encuentros potencia la vida. Encontrar el equilibrio entre especialización y diversidad urbana generará gran parte de los conflictos urbanos del futuro, un conflicto que es alimentado por los flujos migratorios tanto "locales" (desplazados por la violencia de la guerra) como "globales" (desplazados por la violéncia económica). Las alternativas se tienen que comenzar a discutir desde ahora.
_________

Hace un par de meses se dio en Barcelona -"la mejor tienda del mundo" como se autopromociona- una discusión que involucró a los residentes "de toda la vida" y los "nuevos catalanes". El centro del debate era la lenta pero constante concentración de almacenes cuyos propietarios son origen asiático, especialmente chinos, en una céntrica zona de la ciudad. La primera noticia que salió en los medios se referia a una recolecta de firmas que organizaron los propios vecinos para pedirle al ayuntamiento que prohibiera la apertura de nuevos locales "de chinos". Esta petición se basaba en que, según los vecinos, la identidad del barrio se estaba perdiendo. Es decir, que el bar, la carnicería o la peluquería que desde hace un par de décadas estaban en el barrio estaban dando lugar a la aparición de almacenes con productos de manufactura china o especializados en productos alimenticios de ese país. La respuesta que dio el ayuntamiento fue que ellos no podian restringir la implantación de nuevos locales en función del origen de sus propietarios, siempre y cuando cumplieran con todos los requisitos legales.

En torno a esto, se han escuchado diversas opiniones. La que quizás fue más difundida es la que argumenta una posición racista por parte de los vecinos al pedir que se nieguen licencias para abrir nuevos locales comerciales regentados por chinos. A primera vista es un argumento válido (considerar racista la petición), sin embargo también es interesante profundizar un poco más en este sentido, pues de como se enfoque esta situación, dependerá el manejo que se le dé a situaciones similares en el futuro. Para entender un poco lo complejo del problema, me gustaría poner un ejemplo de las quejas que tienen los vecinos:

Una señora que entrevistaron en televisión decía que una vez que iba por la calle frente a uno de estos almacenes cuando uno de los trabajadores escupió a la calle y casí le cae a ella en sus zapatos. El escupir en la calle es una costumbre bastante extendida en China y que no se considera extraña. Me imagino que para ellos la costumbre española que en el medio de una comida se limpien la nariz sin ningún disimulo ni en el gesto ni en los sonidos es para ellos igual de agresivo. Si un hábito diario es fuente de problemas, que puede pasar cuando se introduce la variable religión/creencias?....

Ante esta situación, cuantos de nosotros estariamos dispuestos a convivir en el medio de una comunidad en la cual corremos el riesgo que sin tener mala intención, nos escupan?... pero por el otro lado, a que se debe que los vecinos de otras zonas de la ciudad que tienden a una paulatina especialización de sus barrio (zapatos, informática, ropa...) no se han organizado para oponerse a esta dinámica?. La queja de los vecinos se dirije más a los dueños de los negocios o al tipo de negocio que hace que estén desapareciendo los "comercios de toda la vida"?.
La pregunta de fondo en estos viejos-nuevos problemas urbanos se encuentra en saber de quien es la ciudad: del inmigrante que viene a transformar y hacer evolucionar la ciudad actual (futuro)?... del vecino de toda la vida que a visto como se construye la ciudad actual (pasado)?... del turista que viene a disfrutar de la ciudad por unos cuantos días (presente)?... Al final son tres colectivos diferentes, cada uno con su propia percepción de los procesos de que transforman la ciudad y una imagen de la ciudad particular. Indudablemente saber como compaginar estas tres visiones diferentes es un reto que siempre ha existido, pero en la época de la glocalidad tiene un peso especialmente importante por la cantidad de personas afectadas.

*Llevaba un tiempo sin escribir, las fiestas de año nuevo y de navidad, espero que sean una buena excusa!!!!

martes, noviembre 28, 2006

La ciudad es gente

Un profesor de urbanismo me dijo en una de las primeras clases a las que yo asistí acá en España: "hacer buenas ciudades es más difícil que ir a la luna, sino miren a los Estados Unidos, ya fueron y volvieron de la luna pero hoy tienen que conducir por 15 minutos para comprar una aspirina". Ahora que por temas laborales estoy haciendo un poco una revisión bibliográfica sobre planificación urbana, me encontré con los siguientes comentarios referidos al Plan Metropolitano de Barcelona:

"Finalmente, la movilidad se ve seriamente comprometida y abocada a un fuerte colapso si no se remedia rápidamente el sistema de transporte de personas y mercancías". Déficit de infraestructuras y servicios. p. 11

"La falta de realización de las infraestructuras previstas en los próximos 15 años, que se presentan de dinámica demográfica y económica muy acelerados, podría anular la eficacia de las nuevas previsiones". ídem

"Voluntad de descongestión, residencial, industrial y terciaria, para tender a un policentrismo, única garantía de homogeneidad". Objetivos que constituyen una elección urbanística. p.13

"Conseguir una trama muy evolucionada de comunicaciones y transportes públicos como base fundamental para facilitar las opciones y la movilidad y asegurar la homogeneidad urbana". ídem

"La incorporación de los inmigrantes ha dado origen a numerosas transformaciones de la estructura social y cultura autóctonas. Como consecuencia del conflicto entre culturas de origen y cultura-autóctona, se han incorporado a la cultura urbana pautas, valores y creencias de los grupos inmigrados". El impacto de la inmigración en la sociedad y la cultura urbana. p. 60

"Quizá el factor más revolucionario sería la transformación del vehículo a motor de combustión por otro sistema, eléctrico por ejemplo, que no produjera gases residuales. Con ello se abriría un amplio campo al urbanismo subterráneo para la adaptación de cascos antiguos (...) Parece, por otro lado, que estamos abocados a seguir el mismo proceso de los países más industrializados de Europa y América". Medios de transporte y su posible evolución. p.77

"La adecuada calidad que propugnamos para todos los sectores de la ciudad y la autosuficiencia en ellos de la ecuación residencia-trabajo, requiere, una correlativa tendencia a conseguir una trama muy evolucionada de comunicaciones y transportes públicos como base fundamental para facilitar las opciones y la movilidad y asegurar también por este camino, la homogeneidad urbana". Equilibrio cualitativo territorial. P. 16. Tomo II.


Todos estos comentarios están en el estudio realizado por la Comisión de urbanismo y servicios comunes de Barcelona y la Comisión técnica para la revisión del Plan Director del Área Metropolitana de Barcelona. Lo que me llama la atención es que estas mismas ideas son las que se están debatiendo en todos los congresos y cursos de planificación urbana a los que yo he asistido y coinciden con algunas de las conclusiones de los proyectos en los cuales he trabajado, pero con la gran diferencia que lo anterior fue escrito en enero de 1966, hace cuarenta años!!!!....

Desde que terminé mis estudios universitarios he estado muy interesado en entender "la ciudad". Hice una maestría, un postgrado, cursos de doctorado, llevo trabajando cerca de 7 años en el tema y sigo sin entenderla. Quizás los que nos interesamos en estos temas nos olvidamos lo que dijo un filósofo griego, creo que Sófocles, "la ciudad es gente" y yo añado, es gente y nada más.

Unas miradas perdidas:

* Todo lo anterior me plantea varias preguntas: (i) estoy asistiendo a cursos muy malos, (ii) la comisión que elaboró este informe pudo ver el futuro de la ciudad hace 40 años y (iii) el urbanismo se ha dedicado por 40 años a inventar el agua tibia. Cualquiera de ellas, me lleva a pensar o que la ciudad es imposible de entender, o que para saber lo que se sabía hace cuarenta años: es necesario, como mínimo, estudiar, trabajar, cruzar el océano y leer mucho durante siete años para saber y estar de acuerdo con lo que se sabía hace 40 años...
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...