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miércoles, marzo 11, 2009

Unas miradas perdidas por Barcelona

En una entrada anterior hablaba sobre cómo la sub-ciudad -aquella que recorremos muchas personas mientras vamos metidos dentro del metro- se va transformando en la medida que avanza el recorrido. Hoy quiero referirme al trayecto inverso y contar a golpe de imágenes y reflexiones posiblemente inconexas, las miradas perdidas que me inspira este trozo de ciudad.

Justo a la salida de mi oficina hay un edificio cuya fachada es de un tipo de vidrio que durante el día evita que se vea hacia el interior pero cuando comienza a oscurecer -las horas en las cuales supuestamente la gente deja de trabajar- y se encienden las luces de cada cubículo, se pierde totalmente la privacidad y se pueden ver los gestos de las personas o las reuniones que se estén haciendo en el momento. Cuando por las noches paso frente a este edificio, me gusta imaginarlo como un panal -tanto por sus cubículos de color miel como por su forma geométrica- que durante el día está cerrado y por la noche, como un Gran Hermano, se puede ver sin restricción qué es lo que pasa en su interior.

Llego a la esquina y busco la parada del Bicing, un sistema de alquiler de bicicletas que en el papel es ideal para una ciudad como Barcelona, pero en mi realidad una oportunidad perdida. Llevo cerca de cuatro meses sin poder acceder a este servicio pues las estaciones siempre están vacías. Lo cual puede ser prueba de su éxito o demostración de la falta de previsión. Todo depende.

Como no me hago ilusiones en esperar que llegue una bicicleta, sigo caminando y paso por un parque muy grande. Pienso en la fortuna que tienen los niños que rodean este parque, pues en el medio de Barcelona contar con un espacio como este, es un privilegio. Sin embargo, mientras pienso en esto, me encuentro con un cartel que dice que ahí está prohibido jugar con el balón, utilizar bicicletas o caminar sobre el prado. Parece que estuviera prohibido todo lo que hace un niño y me da miedo pensar que con tantas normas estamos creando pequeños buenos ciudadanos antes que sencillamente niños, ni más ni menos, niños.

En la esquina de este parque hay un quiosco de revistas y hago mi correspondiente parada para "desinformarme" leyendo únicamente los titulares de prensa. Leo que Henry, el famoso jugador francés del Barça, ha dicho que "Cataluña no es España y eso hay que sentirlo" y entiendo la alegría de aquellas personas que han tomado como su consigna de lucha política esta diferencia: un extranjero famoso había entendido su posición. Me alegro por ellos. Pero no puedo dejar de preguntarme si acaso no hubiera dicho lo mismo de otra región donde, por razones principalmente económicas, estuviera jugando. Creo que todos los sitios son tan radicalmente distintos a los otros, que para poder conocerlos hay que sentirlos, y viceversa. A veces me da la impresión que para algunas personas ser catalán es únicamente ser hincha del Barça, querer la independencia de Catalunya y tener como única lengua materna el catalán. Sin embargo, cada vez estoy más convencido que esa es tan solo una forma de ser catalán y, posiblemente, una forma que deja de lado muchas otras cosas que pueden ser igual de valiosas o incluso mucho más.

Al lado del titular de prensa de Henry, leo en grandes letras amarillas en fondo rojo que no-se-quien le pidió a su hijo que se hiciera pruebas de paternidad, pues cree que el hijo de su nuera, es decir, su propio nieto, no es suyo. En otra revista veo que la pareja ya se hizo las pruebas y que sí, que el hijo sí es de él; fin de la historia: abuela e hijo feliz, madre ex-sospechosa. Al lado de estas dos noticias me entero, por enésima vez, que uno de los miembros del gobierno catalán está en desacuerdo con los otros dos (el actual gobierno está conformado por una coalición de tres partidos: un independentista, un ecologista y un socialista). Quizás este sea uno de esos casos donde la democracia y la tolerancia no significan gobernar conjuntamente con partidos diferentes, sino sencillamente, como partidos muy diferentes intentan conservar su cuota de poder a toda costa.

En fin, dejo el quiosco de revistas y me encamino hacia la calle más curiosa de mi recorrido: en la esquina hay una agencia inmobiliaria especializada en viviendas de lujo, luego un restaurante italiano y una tienda de ropa de deportes extremos y después, un prostíbulo. Sí, así como si nada, aparece un prostíbulo en el medio de un barrio residencial y conviviendo con comercios de todo tipo. Nada que ver con esas zonas degradadas de la ciudad con las que siempre he asociado esta actividad. Pero no es la excepción, en un trayecto de unos 80 metros hay dos prostíbulos "normales", uno de diseño y otro para homosexuales, en total cuatro prostíbulos que conviven con almacenes de "toda la vida" y casas de familias comunes y corrientes. Estos locales, los prostíbulos, están tan integrados dentro de la red comercial y residencial, que más de una vez he visto cómo del restaurante chino que hay en la misma calle sale un grupo de prostitutas para seguir su horario laboral al mismo tiempo que algunos hijos traen a sus padres a una residencia para ancianos que queda puerta con puerta con uno de estos locales, o mientras llegan del colegio los niños acompañados de su niñera. Esta diversidad me ha permitido caminar algunos metros con algunas de las trabajadoras de estos sitios; escuchar indiscretamente sus conversaciones e incluso oler los perfumes que utilizan.

Justo después de esta zona residencial-comercial, hay una gran calle donde hay muchas oficinas y donde pululan los Audi, Mercedes y Porsche último modelo. Aunque no soy muy aficionado a este tema, sí me causa curiosidad ver el interior de estos coches. Siempre ves cosas curiosas: el diseño del tablero, la cantidad de botones que tiene ahora el manubrio o el tamaño de las sillas. Una día, a eso de las 4 de la tarde vi que dentro de un Peugeot último modelo había dos hombres muy bien vestidos hablando y, por sus gestos, mostrando el uno al otro algo que tenían en las manos. Al pasar junto a ellos y fijarme en sus manos vi cómo, en un gesto rápido y absolutamente desesperado, uno de ellos, el que iba mejor vestido, hacía desaparecer bajo su nariz dos líneas de un polvo blanco que tenía muy bien alineadas sobre su iPod. No comments.

De este punto a la parada de mi autobús, todo es menos extraño, o al menos después de siete años así me lo parece: las calles están limpias y en su gran mayoría adaptadas para las personas ciegas, discapacitadas e indirectamente, para los padres que van con sus cochecitos de bebé por los andenes; la gente respeta el paso de cebra y los coches los semáforos; en la parada del autobús, y aunque no haya ningún bus, todos hacemos cola esperando que llegue, sin tener que preocuparnos por si alguien nos viene a robar.

Mientras espero pacientemente el bus que sale a la hora prevista, me alegra saber que estoy en una ciudad que por su tamaño y diversidad parece estar hecha para ser caminada y por su diversidad, para ser disfrutada.

domingo, febrero 24, 2008

La ciudad de la furia

En sus caras veo el temor
Ya no hay fábulas
En la ciudad de la furia

La ciudad de la furia - Soda Stereo
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Desde que conocí Barcelona siempre me llamó la atención la escala humana que tiene la ciudad. Es una ciudad que fue pensada y diseñada hace casi 150 años por Idelfonso Cerdà, y que aún hoy, a pesar de los cambios sociales que han habido, sigue mostrando sus virtudes y solidez. Sin embargo, últimamente, y gracias a la excesiva normatividad referida a la convivencia entre sus habitantes, la ciudad humana que tanto me gustaba, está dando paso a la ciudad de las normas y las restricciones. De la ciudad mediterránea, caótica, diversa y viva, se está pasando a la ciudad de las normas y del diseño. Con esto no defiendo la ciudad sin ley, por el contrario defiendo la ciudad de las leyes pensadas para disfrutar de ella y estoy en contra de la ciudad que prioriza la admiración de sus espacios urbanos sobre su utilización. Me imagino que priorizo la vida urbana sobre la belleza urbana.

Este breve pre-epitafio a la ciudad humana que conocí hace 10 años, tiene que ver con un artículo que salió en días pasados en la Vanguardia, que refleja una entrada que siempre me pensé en escribir y que sin saber la razón, nunca lo hice. Cuando leí este artículo me acordé la primera vez que, en una de mis eternas caminatas por sus calles, vi una señal que no pude creer y tuve que verla varias veces y preguntar varias más para confirmar que era cierto lo que entendía. En una esquina cualquiera -ni más bonita, ni más fea, es decir, una esquina de barrio- vi al lado de una señal de prohibido sacar a los perros sin lazo, una señal que tenía un balón con la señal de prohibido. Cuando lo pregunté, me confirmaron mis peores sospechas: no estaba permitido jugar con un balón en la calle.

Este artículo que transcribo, tiene que ver con la muerte de la ciudad pensada para vivir y crecer, y el nacimiento de la ciudad para pasar y observar. Hoy creo que Barcelona ha pasado de una ciudad viva a una ciudad de diseño, de una ciudad con los niños en la calle a la ciudad temática.

En fin. Paz en la tumba de la ciudad que conocí.

omchamat

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Los niños de Barcelona disponen cada día de menos espacios de ocio

Enrique Molina chuta, pero chuta flojo, y su hijo Pau, de 12 años, le devuelve la pelota de goma con una patada un tanto reprimida, en el parque del Escorxador, junto a la plaza Espanya. "Cuando yo era pequeño - relata el padre, de 36 años-, después de que derrumbaran el matadero, esto era un solar con una valla y todos los críos del barrio la saltábamos para jugar a la pelota; luego nos apañamos un agujero para entrar". "Yo los vigilaba desde la ventana de la cocina", dice sentada en un banco su madre, Felicitas, abuela de Pau. El niño pisa prudentemente la pelota mientras una pareja de ancianos se aleja. "Porque por aquella época había hombres que se acercaban a los niños diciendo que eran entrenadores de fútbol, pero era mentira", añade Felicitas.

Aquí los niños no juegan entre ellos como salvajes, juegan con sus padres, con moderación, sus pantalones nunca necesitan rodilleras. "Antes esto estaba lleno de agujeros y taludes, piedras y grava - prosigue Enrique-. Teníamos las rodillas siempre destrozadas. Organizábamos los equipos.

Nos peleábamos. Nos defendíamos de los críos de otros barrios que venían a robarnos el solar, a conquistarlo. Sin adultos. Era un mundo aparte. Ahora es un parque muy bonito, pero algo se ha perdido. Ahora los críos juegan al balón en el colegio, con entrenadores, árbitros, equipación... El pequeño Pau lo confirma. El niño no deambula en pandilla por la ciudad en busca de descampados. Juega al futbito de manera tutelada en las controladas instalaciones de su colegio.

"Es una desgracia - dice el poeta Enric Casasses-. Estamos sacando a los niños de las calles, vivimos en la sociedad del control, el miedo, los coches, el negocio. Las terrazas de los bares y las rotondas de las carreteras son más importantes que los juegos de los niños. El negocio es ya más importante que la diversión de los niños. Yo nací en Sant Gervasi, y cuando era pequeño, entre Gràcia y Via Augusta, y en los alrededores de General Mitre, había muchísimos descampados. Ahora sólo hay edificios, normas, prohibiciones, señales, signos... Todo está regulado, cada centímetro cuadrado de la ciudad tiene una clara función.

Todo es orden y miedo a la libertad. Faltan en las grandes ciudades espacios anárquicos para los chavales -concluye el poeta-, espacios de libertad donde aprender a vivir a base de pedradas, como antes. Ya no hay lugar para la espontaneidad. Y la consecuencia es que los niños se hacen mayores prematuramente. Antes las madres mandaban a los niños a jugar a la calle. Ahora necesitamos centros y organismos con autorización oficial para todo. Los descampados siempre permanecerán en mi espíritu. Estamos perdiendo una cultura tribal infantil de orígenes probablemente prehistóricos".

Aguardar a que los líderes elijan uno a uno a los que formarán sus equipos, sobreponerse a ser escogido tras el chaval que tiene una pierna más corta que la otra, y el positivo reflejo de lo que para uno es una humillación: la superación personal, crecerse ante las adversidades, unir fuerzas contra los abusones... A pocos minutos del parque del Escorxador, en un colegio religioso del Eixample se celebra una jornada de una liga de fútbol sala. Los preadolescentes lucen equipación. Sus gestos - cómo se suenan los mocos regresando de espaldas a la defensa tras lamentar que el chut se fuera alto- son los propios de los futbolistas profesionales. El entrenador increpa al que se desmarca de la táctica y encara individualista un tercer regate. Los padres comentan la clasificación. Los de rojo retrasan la pelota y duermen el partido porque quedan pocos minutos para que se acabe y ganan por uno.

Josep Maria Elias i Costa es el presidente del Col · legi de Pedagogs de Catalunya. "El excesivo tutelaje de los juegos de los niños no trae una mejora de su desarrollo - sostiene-. Antes de los seis años debe imperar el control sobre todas las actividades del pequeño, pero entre los siete y los quince años los niños deben contar con cierta libertad para reforzar la autonomía, la responsabilidad y las herramientas psicológicas para encarar conflictos, aceptar la derrota, pedir ayuda...".

"Los niños - añade- tienen que mezclarse, luchar, competir, medir sus habilidades. Ello los dota de la capacidad de reflexionar por qué no han salido adelante. A mayor control, mayor inmadurez y menos imaginación. Cuando yo era niño, jugábamos a meter las pinzas en los agujeros de los árboles: defendías y atacabas. Entonces las pinzas eran cualquier cosa, por ejemplo una pistola. Ahora, si preguntas a un crío para qué sirven, te dirá que para tender la ropa", argumenta.

"Los niños crean juegos y reglas con cualquier cosa, sólo hay que proporcionarles los elementos - concluye el portavoz de los pedagogos de Catalunya-. Nuestra sociedad padece una exagerada sobreprotección de la infancia, especialmente en las grandes ciudades como Barcelona, porque la urbe es más agresiva, su tráfico más peligroso y en la sociedad de la información uno se entera de todas las desgracias que ocurren en el mundo: el resultado es que uno teme que eso le pase a su hijo".

Seis chavales del barrio del Raval de unos diez años saltan entre berridos la valla del CEIP Collaso i Gil. Juegan a Peligro: "Sólo puedes darle a la pelota una vez antes que le dé otro", "al que le das pierde vida", "tocado, herido y muerto", "los muertos son eliminados y gana el último", "me quito las gafas porque una vez me las rompieron", "hay que colarse porque por aquí no hay sitios para jugar", "hay pabellones pero tienes que pagar", "el Peligro es mejor que el fútbol porque a muchos sus padres no les dejan ir a la calle por la tarde y casi nunca podemos formar equipos potentes", "los bebés tienen sitios con tobogán", pero "allí las madres no te dejan jugar a Peligro", "yo estoy haciendo un plan para colarnos en el Camp Nou", "y yo me voy a colar en tu casa", "no", "sí", "te vas a enterar", "¡todos contra todos!", "¡mi brazo, mi brazo!".

El urbanista Lluís Brau se crió en la plaza Lesseps. "En los cincuenta era una gran explanada sin urbanizar frecuentemente embarrada donde estábamos horas jugando. En otoño venía una feria en la que pasábamos las horas sin un duro. Ninguna plaza, ni la somera urbanización de los sesenta, ni el burdo Scalextric de los setenta, que ahora se sustituye por otro de diseño, llegará nunca a tener para mí el encanto, la funcionalidad ni el uso urbano del antiguo descampado inundable.

En los alrededores había solares vallados donde nos colábamos y montábamos guaridas. Una vez se me clavó una espina de palmera y me tuvieron que poner la vacuna del tétano y estuve varios días sin ir al colegio y...". El urbanista Brau también dice que el protagonismo del coche y la presión del mercado inmobiliario expulsan de las calles a los críos. Añade que el tráfico mata cada año en Barcelona a una cuarentena de personas y por eso a los padres les da miedo que sus hijos vayan solos por la ciudad. Y que la presión del mercado inmobiliario es tan fuerte que la alta rentabilidad económica de cada metro cuadrado destinado a usos privados relega a un segundo plano en el proceso de toma de decisiones los etéreos beneficios sociales del uso público del suelo.

"Ello no debe achacarse sólo al mercado como un ente anónimo que funciona independientemente de la voluntad política - agrega el también urbanista Ferran Navarro-: las instituciones tienen una gran responsabilidad". Hace un lustro, Navarro fue uno de los impulsores de la plataforma ciudadana Recuperem les Places de Gràcia. "Reivindicábamos que las plazas fueran espacios de ocio infantil y no una prolongación de los bares. También pedimos al Ayuntamiento que ejecutara el plan de espacios públicos que había aprobado tras un amplio proceso de participación ciudadana. El plan dotaba a Gràcia del doble de espacios públicos de los que tenía, y de los que tiene. El Consistorio se enrocó argumentando que el plan no era económicamente viable. El problema es que las corporaciones locales recaudan una proporción muy importante de sus presupuestos mediante impuestos de obras. Luego, los promotores urbanizan una plaza insuficiente para las viviendas de nueva construcción que levantan, pero las administraciones se conforman. Los municipios son reticentes a reformar la ciudad consolidada porque son operaciones difíciles que comportan pérdidas de votos a corto plazo. Oriol Bohigas se preguntaba por qué el Ayuntamiento insistía en hacer tantos patios interiores en el Eixample en vez de expropiar una manzana y hacer un gran parque, un lugar de encuentro", sostiene.

Navarro termina diciendo que, a pesar de que en la cultura mediterránea el espacio libre es una necesidad social, "nuestros niveles en este sentido son tercermundistas. Por ley, a cada ciudadano le corresponden cinco metros cuadrados. En Inglaterra son 25. Y el verdadero espacio libre es el que está a cinco minutos de casa, no en Montjuïc o en el Tibidabo. Además, en la ciudad de Barcelona se consideran algunas calles como espacio libre, como se consideraron las copas de los árboles en la época de Porcioles". Pero allí no se juega.

martes, octubre 23, 2007

Todos somos diferentes

Esta entrada es tan solo para comentar algunos hechos recientes en esta Vieja Europa:

La ultraderecha se impone en Suiza y se convierte en la fuerza parlamentaria más potente desde 1919.
Una de las propuestas del partido ganador de esas elecciones -donde los únicos perdedores fueron los inmigrantes- es que si un hijo de inmigrantes comete un delito, toda la familia será expulsada del país. La continua aparición de partidos de este tipo por toda Europa - partidos que parecen más interesados en "partir" la sociedad entre buenos y malos, entre superiores e inferiores, entre blancos y negros, entre iguales y diferentes, que en buscar acuerdos comunes- es difícil de detener: en Francia el alboroto de Le Pen, no se ha acabado; en este mismo país se está debatiendo si en ciertos casos se pide el ADN a los inmigrantes (más allá de la libertad que tienen los países de decidir quien entra y quien no, ¿acaso no es esto asumir que el inmigrante está mintiendo?); la Eurocamara, organismo responsable para legislar para todos los europeos, cuenta con un grupo parlamentario formado por representantes de partidos de ultraderecha de Francia, Inglaterra, Bélgica y Bulgaria, denominado "Identidad, Tradición y Soberanía, (ITS)"; en un plano mucho más local, en las recientes elecciones municipales, en Vic (España) una plataforma política obtuvo 17 regidores, una plataforma que en la cabecera de su página oficial anuncia en grandes letras "controlemos la inmigración". Teniendo este escenario la verdad, y siendo consciente que a mi me afecta esta situación, no entiendo la razón por la cual la sociedad se escandaliza por noticias como la que sigue.

Detenido un joven del Baix Llobregat que agredió a una menor por ser inmigrante.
El joven de 21 años ya fue puesto en libertad con cargos. Este personaje ya tenía antecedentes de robo con violencia pero sigue en la calle. La menor fue agredida, sin duda, por ser inmigrante, pero creo que especialmente por ser diferente. La agredida puede llevar muchos años aquí y estar plenamente integrada (amigos, estudio, comida, idioma...) pero a pesar de eso pero ella siempre será diferente. Somos así de simples, no importa lo que eres si no lo que aparentas. Casos como este ocurren diariamente en Barcelona, Cataluña, España, Rusia... todos los que inmigramos conocemos, ya sea en carne propia, o por medio de una persona cercana, algún caso de agresión física o verbal (que son las más habituales). Todas esas agresiones son sencillamente pequeñas muestras de un sentimiento que recorre a Europa: el miedo a lo diferente.

Algunas veces pienso que que la integración entendida como "todos somos iguales" es una utopía que hay que mantener y alimentar, sin embargo, como una utopía que es, la veo realizable en el mejor de los mundos posibles, y, creo que coincidimos, este no es nuestro caso. Creo que la integración debe ser entendida justo en su punto contrario: "todos somos diferentes". Convivir con el que es igual a mi no tiene mayor dificultad ni significa una sociedad avanzada, tolerante o respetuosa, lo que mide el avance y la tolerancia es saber como se convive con el que es diferente. Deberíamos esforzarnos más en aprender a vivir en un mundo en constante cambio y donde las diferencias es lo único que nos hace iguales. En fin, deberíamos aprender a vivir en el mundo en que vivimos y no en el que creemos vivir. Hasta tanto no aprendamos y enseñemos que este tipo de cosas, idiotas como el que cometió la agresión seguirán por la calle y partidos políticos como el ITS seguirán apareciendo por esta vieja y cansada Europa.

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La imagen que acompaña esta entrada es el cartel promocional del partido suizo que ganó las elecciones. Como nunca antes, una imagen vale más que mil palabras

lunes, septiembre 03, 2007

Los sonidos de la ciudad

Barcelona es una ciudad ruidosa. Como cualquier gran ciudad, tiene un murmullo constante, de fondo, casi imperceptible. A eso los citadinos estamos más que habituados. Pero de vez en cuando, a este murmullo se le añaden ruidos infernales capaces de irritar al más apacible de los mortales. Los moteros adolescentes, por ejemplo, que trucan su tubo de escape para hacerlo más ruidoso, más poderoso, para que todos nos percatemos de que están ahí y que son los dueños del asfalto. No puedo evitar relacionar la obsesión por su sonoro tubo de escape con alguna parte de su cuerpo con la que quizás no se sientan muy satisfechos… En fin, freudismos aparte, cada vez que los veo (o mejor dicho, oigo) llegar a lo lejos, respiro profundo y pienso en una isla paradisíaca para evitar así la descarga de adrenalina que hace que se me ponga mala la leche... Otra alteración del murmullo de la ciudad es la gente que grita y berrea al aparato, el aparato móvil, por supuesto. En el autobús, en el tren, metro… da igual que esté atestado de gente, apiñada y haciendo equilibrios. Algunos no se cortan en gritar a 20 centímetros del oído de uno, que intenta en vano concentrase en el libro que pretende leer.

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Más sonidos curiosos: el de algunas tiendas de ropa femenina. Esas que están de moda, donde las dependientas tienen menos de 20 años, pesan menos de 50 kilos y miran con cara de espanto cuando una se prueba un par de pantalones. En esas tiendas hay un ruido de fondo particular, que recuerda a esas noches locas discotequeras donde uno se evade de conversar y de ser coherente, excusado por la música atronadora y el alcohol. Eso está bien en una noche de sábado, con 18 años, una pista para bailar, todo el alcohol del mundo para tomar y muchas hormonas que sosegar. Pero si uno quiere comprarse unos pantalones, no es lo más práctico, la verdad: “¿Tiene una talla más?” “Chumba, chumba, chumba” “¡¿Qué dices?!” “Chumba, chumba, chis pun, chis pun” “¡¿Que si tiene una talla más?!” (Además siempre hay que tragarse el orgullo y pedirle a la adolescente de menos de 50 kilos una talla más…). Vaya, un desastre.

Todo eso se puede llegar a tolerar. Pero lo que no se puede tolerar es que, una tranquila mañana de un jueves de finales del verano, uno decida evadirse de la ciudad, dándose un baño en la playa antes de ir al trabajo y también allí ocurra el desastre. Grata sorpresa, inicialmente, al llegar y ver la playa de Barcelona casi vacía, el mar limpio y sereno como una balsa, el chiringuito sin un solo “guiri”. Sin todos esos personajes vendiendo masajes, refrescos, ropa, que aún no han llegado. ¡Qué delicia para los sentidos! Es como un sueño darse un chapuzón matutino y tumbarse a oír el mar y leer un rato. Pero de repente, suenan los altavoces de la playa (sí, en Barcelona hay altavoces en la playa, como hay carteles con escritos tipo “no olviden recoger su basura”). La educada voz al otro lado de los parlantes informa en catalán sobre la necesidad de vigilar nuestras pertenencias, sobre el estado de la mar, sobre las normas de civismo, etc. Después de informar en catalán, lo hace en castellano. “Bueno, pronto termina y puedo seguir disfrutando”, pienso. ¡Craso error! ¡La retahíla sigue en inglés y francés! Mi momento de paz y tranquilidad, al borde del manso mar barcelonés, se va esfumando por momentos… Y se esfuma definitivamente cuando, a medio metro de mí, se instalan dos adolescentes que, untándose de aceite bronceador, conectan sus MP3 a unos altavoces de diseño, desde los que un moderno grupo de hip-hop canta “todos los hombres son unos cerdos, todas las mujeres son unas guarras”. Y es que así no se puede…

Me pregunto dónde puedo estar en paz en una ciudad como ésta. Tendré que ir a escuchar al Dalai Lama en el Palau Sant Jordi, por unos módicos 20 eurillos, seguro que me da un buen consejo.

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Por Hortensia Vallverdú

miércoles, agosto 01, 2007

Cosas que me gustan de Barcelona

Aprovechando que este blog se toma dos semanas de vacaciones*, quería dejar una entrada propicia para la temporada de vacaciones. Hace poco hablé de las cosas que me llaman la atención de Barcelona, esos detalles cotidianos que al tener la mirada perdida mientras se mira la ciudad se hacen más evidentes. En esta entrada - que probablemente son las primeras líneas que escribí y que compartí por un medio virtual- quiero hacer un recopilatorio de las cosas que me gustan de esta ciudad. Son cosas absolutamente subjetivas y que por lo tanto son sujetas a discusión.Aprovechando que este blog se toma dos semanas de vacaciones*, quería dejar una entrada propicia para la temporada de vacaciones. Hace poco hablé de las cosas que me llaman la atención de Barcelona, esos detalles cotidianos que al tener la mirada perdida mientras se mira la ciudad se hacen más evidentes. En esta entrada - que probablemente son las primeras líneas que escribí y que compartí por un medio virtual- quiero hacer un recopilatorio de las cosas que me gustan de esta ciudad. Son cosas absolutamente subjetivas y que por lo tanto son sujetas a discusión.
  • Aquí desde el que vende los periódicos, la modista que pega los botones, el dueño de la cafetería de la esquina o la panadera del barrio se toman un mes de vacaciones (un mes seguido me parece demasiado, pero que personas que tienen esos trabajos puedan tener unas vacaciones así, me parece increíble).
    Corolario: No me gusta que un país se paralice como lo hace España durante el mes de agosto (desde hospitales hasta la administración pública, pasando por el comercio).
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  • Muchos documentales realizados y con poca difusión en Colombia se pueden conseguir más fácil acá.
  • Porque te puedes vestir y llevar el cabello como te da la gana (incluso, si quieres no te vistes y no pasa nada).
  • Porque un acoso sexual es un escándalo y no algo "típico y normal".
  • Porque los homosexuales y lesbianas se pueden tomar de la mano en la calle.
  • Por la red de bibliotecas públicas, donde prestan desde discos y películas hasta las obras completas de Mutis y todo en buen estado!.
  • Por los edificios modernistas eso si, sin turistas.
  • Por la posibilidad de convivir con colombianos y latinoamericanos de todas partes (Latinoamérica se me ha convertido en un pueblo grande).
  • Por conocer a gente no colombiana que, sin ninguna necesidad, siente los problemas de Colombia como verdaderamente suyos.
  • Por el rato tan divertido que nos hacen pasar los españoles el 22 viéndolos jugar a la lotería
  • Porque los buses paran en el paradero.
  • Por los parques sin paseo de olla ni pedazos de pollo en los parques.
  • Acá se se practica más que nunca el sagrado deporte colombiano: arreglar el país.
  • Por el pan con tomate.
  • Por las estaciones.
  • Porque uno va al hospital, te atienden y te pagan (gran) parte de los medicamentos (a pesar que algunas veces es demorado).
  • Porque uno llama a la policía y la policía viene, así sea para cosas que muchas veces me parecen ridículas.
  • Por el sistema de transporte público, que funciona y donde uno puede encontrar desde al obrero de construcción hasta un alto cargo político sentados uno al lado del otro.
  • Porque los políticos no van con una procesión de guardaespaldas.
  • Porque uno puede caminar solo en la noche y no se preocupa por mirar atrás.
  • Porque tiene sentido reciclar.
  • Porque existe una gran clase media (cada vez más amenazada, pero existe).
  • Por l'Eixample de Barcelona, la mejor obra artística que tiene la ciudad y a diferencia de muchas obras de arte, esta tiene una función y funciona! (sobre este tema hacer click aquí).
  • Por lo lejos que estoy de Colombia que me permite sentirla más cerca.
  • Por el colorido (¿artificial?) de las plazas de mercado.
  • Por la cantidad de librerías que hay por metro cuadrado.
  • Por los teléfonos públicos que casi siempre funcionan.
  • Por el idioma catalán (a pesar de todo).
  • Creía que existía una tolerancia hacia la diferencia, pero después de discutirlo con diferentes personas, tengo la sensación que eso es más un deseo y experiencia personal que una realidad.

sábado, julio 14, 2007

Cosas que me llaman la atención de Barcelona

Es difícil encontrar una mujer que luzca orgullosas sus canas propias de su edad. Es más probable encontrar abuelitas con su pelo en cualquiera de las variedades de rojo caminando con su nieta, que la clásica abuelita de canas que parecen nieve.

Se invierte una gran cantidad de dinero en hacer campañas para que las personas que sacan a pasear sus perros recojan los detritos orgánicos que dejan sus mascotas, pero no he visto campañas similares para silenciar los tubos de escape de las motos.

Lo que alguna vez fuera declarada por E. Hemingway como uno de los lugares más bonitos del mundo, las Ramblas, hasta hace poco más de cinco años era un lugar donde idiomas diferentes al español eran extraños. Hoy en día el español (la persona y el idioma) es un "bicho raro" en esa calle, predominan los turistas mientras que los nativos han sido expulsados de este espacio público. Por eso me cuesta entender que cuando un colectivo como los inmigrantes que vienen a vivir y trabajar, transforman un espacio público (dándole un nuevo uso o incluso reutilizandolo), se entienda como un gueto. ¿Será acaso que debemos comenzar a hablar de "guetos turísticos"?

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En esta ciudad fue donde vi en un parque la señal de prohibido jugar. Si Barcelona fuera un lugar con muchos espacios donde los niños pudieran jugar, lo entendería, pero no es así.

Muchas de las tradiciones como los bailes son impensables hacerlos individualmente es vital la función de grupo: la sardana (el baile típico) se desarrolla en hexágonos, en donde los participantes se cogen de las manos, siguiendo, si es posible, un patrón alterno hombre-mujer-hombre-mujer... mirando todos al centro del círculo; los castells (castillos de hasta 10 metros de altura formado por personas) no distinguen sexo ni edad.

Las fiestas se celebran en torno a la comida y no en torno a una pista de baile.

Hace poco salía por la prensa una campaña para acompañar a personas que se quedaban solas durante su estadía en el hospital. En muchos casos sus familiares no los iban a visitar en muchos días.

Es tal la necesidad de pediatras que contratan a personas de otros países que difícilmente se pueden hacer entender en español. Para ciertos trabajos deberían pedir un conocimiento mínimo de, al menos, el español.

Muchas veces tengo la sensación que vivo en una ciudad de hoteles, y no en una ciudad con hoteles. He contado hasta cinco hoteles en una misma calle y se espera que en los próximos años se inauguren 49 hoteles que sumarán cuatro mil camas a las existentes. Si hay algo que tengo claro, es que si me mudo a otra ciudad, trataré que no sea turística, pues muchas veces tengo la sensación de estar en Melgar (Colombia).

El museo del club de fútbol Barcelona es el más visitado, por encima de el de Picasso.

Cuando se clausuró el Forum de las culturas en el 2004, se invirtieron más de tres millones de euros en los fuegos artificiales. Después de una masiva e impresionante marcha en contra de la invasión de Irak, Barcelona se autoproclamó la capital mundial de la paz. Con ocasión de una de las inumerables catástrofes naturales que ocurren en el mundo, hace tres años el ayuntamiento organizo una colecta, tan solo recogieron 700.000 euros. Yo me quedé pensando en los fuegos artificiales y en la paz de Irak.

... y para terminar, no podía dejar de mencionar lo curioso que me resulta descubrir que en este tiempo (5 años) he conocido muy pocas personas que no tengan algún tipo de historia relacionada con la inmigración de sus familiares cercanos: tíos que se fueron a "hacer las americas" o padres que llegaron de otras zonas de España buscando un futuro mejor. Sin embargo se habla de la inmigración como un fenómeno nuevo.

viernes, diciembre 29, 2006

Problemas de convivencia

La ciudad tiene su origen en una función que hoy en día es asumida cada vez más frecuentemente por los centros comerciales: concentrar en un mismo espacio una gran diversidad de productos y servicios para disfrutar el tiempo libre. Sin embargo, a diferencia de los centros comerciales, la ciudad debe cumplir un papel adicional y es el de ofrecer diversidad no solo de productos para la compra sino también el crear un espacio que favorezca el encuentro e intercambio de información entre personas. Es decir la ciudad no debe ser una larga fila de hormigas que camina hacia su fuente de comida, donde los encuentros son para corregir el camino hacia/desde el hormiguero, sino que la ciudad debe parecerse más a esas grandes lagunas en la selva donde diferentes animales van a alimentarse, donde la diversidad de encuentros potencia la vida. Encontrar el equilibrio entre especialización y diversidad urbana generará gran parte de los conflictos urbanos del futuro, un conflicto que es alimentado por los flujos migratorios tanto "locales" (desplazados por la violencia de la guerra) como "globales" (desplazados por la violéncia económica). Las alternativas se tienen que comenzar a discutir desde ahora.
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Hace un par de meses se dio en Barcelona -"la mejor tienda del mundo" como se autopromociona- una discusión que involucró a los residentes "de toda la vida" y los "nuevos catalanes". El centro del debate era la lenta pero constante concentración de almacenes cuyos propietarios son origen asiático, especialmente chinos, en una céntrica zona de la ciudad. La primera noticia que salió en los medios se referia a una recolecta de firmas que organizaron los propios vecinos para pedirle al ayuntamiento que prohibiera la apertura de nuevos locales "de chinos". Esta petición se basaba en que, según los vecinos, la identidad del barrio se estaba perdiendo. Es decir, que el bar, la carnicería o la peluquería que desde hace un par de décadas estaban en el barrio estaban dando lugar a la aparición de almacenes con productos de manufactura china o especializados en productos alimenticios de ese país. La respuesta que dio el ayuntamiento fue que ellos no podian restringir la implantación de nuevos locales en función del origen de sus propietarios, siempre y cuando cumplieran con todos los requisitos legales.

En torno a esto, se han escuchado diversas opiniones. La que quizás fue más difundida es la que argumenta una posición racista por parte de los vecinos al pedir que se nieguen licencias para abrir nuevos locales comerciales regentados por chinos. A primera vista es un argumento válido (considerar racista la petición), sin embargo también es interesante profundizar un poco más en este sentido, pues de como se enfoque esta situación, dependerá el manejo que se le dé a situaciones similares en el futuro. Para entender un poco lo complejo del problema, me gustaría poner un ejemplo de las quejas que tienen los vecinos:

Una señora que entrevistaron en televisión decía que una vez que iba por la calle frente a uno de estos almacenes cuando uno de los trabajadores escupió a la calle y casí le cae a ella en sus zapatos. El escupir en la calle es una costumbre bastante extendida en China y que no se considera extraña. Me imagino que para ellos la costumbre española que en el medio de una comida se limpien la nariz sin ningún disimulo ni en el gesto ni en los sonidos es para ellos igual de agresivo. Si un hábito diario es fuente de problemas, que puede pasar cuando se introduce la variable religión/creencias?....

Ante esta situación, cuantos de nosotros estariamos dispuestos a convivir en el medio de una comunidad en la cual corremos el riesgo que sin tener mala intención, nos escupan?... pero por el otro lado, a que se debe que los vecinos de otras zonas de la ciudad que tienden a una paulatina especialización de sus barrio (zapatos, informática, ropa...) no se han organizado para oponerse a esta dinámica?. La queja de los vecinos se dirije más a los dueños de los negocios o al tipo de negocio que hace que estén desapareciendo los "comercios de toda la vida"?.
La pregunta de fondo en estos viejos-nuevos problemas urbanos se encuentra en saber de quien es la ciudad: del inmigrante que viene a transformar y hacer evolucionar la ciudad actual (futuro)?... del vecino de toda la vida que a visto como se construye la ciudad actual (pasado)?... del turista que viene a disfrutar de la ciudad por unos cuantos días (presente)?... Al final son tres colectivos diferentes, cada uno con su propia percepción de los procesos de que transforman la ciudad y una imagen de la ciudad particular. Indudablemente saber como compaginar estas tres visiones diferentes es un reto que siempre ha existido, pero en la época de la glocalidad tiene un peso especialmente importante por la cantidad de personas afectadas.

*Llevaba un tiempo sin escribir, las fiestas de año nuevo y de navidad, espero que sean una buena excusa!!!!

martes, noviembre 28, 2006

La ciudad es gente

Un profesor de urbanismo me dijo en una de las primeras clases a las que yo asistí acá en España: "hacer buenas ciudades es más difícil que ir a la luna, sino miren a los Estados Unidos, ya fueron y volvieron de la luna pero hoy tienen que conducir por 15 minutos para comprar una aspirina". Ahora que por temas laborales estoy haciendo un poco una revisión bibliográfica sobre planificación urbana, me encontré con los siguientes comentarios referidos al Plan Metropolitano de Barcelona:

"Finalmente, la movilidad se ve seriamente comprometida y abocada a un fuerte colapso si no se remedia rápidamente el sistema de transporte de personas y mercancías". Déficit de infraestructuras y servicios. p. 11

"La falta de realización de las infraestructuras previstas en los próximos 15 años, que se presentan de dinámica demográfica y económica muy acelerados, podría anular la eficacia de las nuevas previsiones". ídem

"Voluntad de descongestión, residencial, industrial y terciaria, para tender a un policentrismo, única garantía de homogeneidad". Objetivos que constituyen una elección urbanística. p.13

"Conseguir una trama muy evolucionada de comunicaciones y transportes públicos como base fundamental para facilitar las opciones y la movilidad y asegurar la homogeneidad urbana". ídem

"La incorporación de los inmigrantes ha dado origen a numerosas transformaciones de la estructura social y cultura autóctonas. Como consecuencia del conflicto entre culturas de origen y cultura-autóctona, se han incorporado a la cultura urbana pautas, valores y creencias de los grupos inmigrados". El impacto de la inmigración en la sociedad y la cultura urbana. p. 60

"Quizá el factor más revolucionario sería la transformación del vehículo a motor de combustión por otro sistema, eléctrico por ejemplo, que no produjera gases residuales. Con ello se abriría un amplio campo al urbanismo subterráneo para la adaptación de cascos antiguos (...) Parece, por otro lado, que estamos abocados a seguir el mismo proceso de los países más industrializados de Europa y América". Medios de transporte y su posible evolución. p.77

"La adecuada calidad que propugnamos para todos los sectores de la ciudad y la autosuficiencia en ellos de la ecuación residencia-trabajo, requiere, una correlativa tendencia a conseguir una trama muy evolucionada de comunicaciones y transportes públicos como base fundamental para facilitar las opciones y la movilidad y asegurar también por este camino, la homogeneidad urbana". Equilibrio cualitativo territorial. P. 16. Tomo II.


Todos estos comentarios están en el estudio realizado por la Comisión de urbanismo y servicios comunes de Barcelona y la Comisión técnica para la revisión del Plan Director del Área Metropolitana de Barcelona. Lo que me llama la atención es que estas mismas ideas son las que se están debatiendo en todos los congresos y cursos de planificación urbana a los que yo he asistido y coinciden con algunas de las conclusiones de los proyectos en los cuales he trabajado, pero con la gran diferencia que lo anterior fue escrito en enero de 1966, hace cuarenta años!!!!....

Desde que terminé mis estudios universitarios he estado muy interesado en entender "la ciudad". Hice una maestría, un postgrado, cursos de doctorado, llevo trabajando cerca de 7 años en el tema y sigo sin entenderla. Quizás los que nos interesamos en estos temas nos olvidamos lo que dijo un filósofo griego, creo que Sófocles, "la ciudad es gente" y yo añado, es gente y nada más.

Unas miradas perdidas:

* Todo lo anterior me plantea varias preguntas: (i) estoy asistiendo a cursos muy malos, (ii) la comisión que elaboró este informe pudo ver el futuro de la ciudad hace 40 años y (iii) el urbanismo se ha dedicado por 40 años a inventar el agua tibia. Cualquiera de ellas, me lleva a pensar o que la ciudad es imposible de entender, o que para saber lo que se sabía hace cuarenta años: es necesario, como mínimo, estudiar, trabajar, cruzar el océano y leer mucho durante siete años para saber y estar de acuerdo con lo que se sabía hace 40 años...

lunes, agosto 21, 2006

...y lo vas a dejar ahí???

-... y lo vas a dejar ahí, en la calle y de noche??... no te da miedo que le pase algo?

Eso le pregunte a mi entonces novia, ahora esposa, catalana cuando dejó “aparcado el coche” en una solitaria calle cerca del apartamento que yo en ese tiempo compartía con una alemana, un francés y un italiano. Esa noche habíamos salido a comer a un restaurante catalán un plato típico... cargols... cargols????....yo me pregunté lo mismo... pero que son los famosos cargols???... la respuesta era sencilla, caracoles silvestres!!!...

-...pero como, ustedes comen caracoles?... como se les ocurre!.. los caracoles han sido declarados por mi mamá como los enemigos públicos número uno del jardín de mi casa, yo los mataba -le decía a mi asombrada novia- tirándoles sal encima y viendo como se deshacían!!!...

Ella me explicaba que era parte de una tradición y que los mejores eran los que preparaban en Lleida -en español, Lérida, como el pueblo de Colombia. Aún no he podido comprobar que los de Lleida son los mejores, pero tengo que reconocer que los que me comí esa noche sabían “mucho lo bueno” como dicen en Santander (Colombia), cuando uno come esos deliciosos insectos negros, recubiertos de sal, de cerca de dos centímetros de longitud, y que salen del hormiguero pa’la paila... Cuando describía esa deliciosa tradición y le decía que era un manjar de los dioses (la exageración de todo lo nuestro debería ser declarada patrimonio nacional!), la reacción de mi novia no se hizo esperar...

-... pero como, ustedes comen hormigas y fuera de eso tan grandes?... y CULONAS??... como se les ocurre... que asco, si ellas son las enemigas públicas número uno del apartamento de mis padres!... que asco, no mejor, que miedo!!!!

Por supuesto que me abstuve de contarle que después de haber disfrutado del placer de comerlas, muchas veces las patitas o el caparazón que recubre sus órganos internos, se quedaban atrapados entre los dientes por un tiempo, como si fuera una venganza de la naturaleza. Esa sensación la vivió ella en carne propia, cuando hace año y medio estábamos en la plaza central de Barichara y las probó por primera vez. Era lo mínimo que podía hacer, yo había aceptado comer caracoles, ella tenia que acceder a comer hormigas. La foto de ese momento todavía la tenemos como prueba una prueba de valor; claro, ella las probó después de haber almorzado chanfaina y cabrito asado, todo acompañado con la correspondiente chicha... después de eso...

Pero bueno, lo de las diferencias en el comer, van a ser parte próximas entradas. En esta ocasión quería recordar la impresión que me produjo llegar a una ciudad donde la gente además de tener una habilidad especial para “parquiar” en los sitios más increíbles y en espacios imposibles, deja sin mayores riesgos los carros durante muchas noches en la calle... y lo raro es cuando roban alguno!!!... claro que se producen robos en los carros por las noches, pero no es eso lo primero en que piensan cuando lo dejan, tirado diríamos nosotros, en una calle cualquiera sin mayores temores. Esa era la razón de mi pregunta con la que iniciaba esta entrada, pues entendí que la típica expresión de mi papá diciéndome “vaya hijo y le echa un ojito al carro, no vaya a ser que se lo están robando”, aquí casi no tiene sentido y si lo tiene es para vigilar que no le hayan puesto una multa porque el tiempo del parquímetro esté cumplido.

Quizás esa es de las cosas que más gratamente me han impactado de vivir en una ciudad como Barcelona, y creo que es común a muchas ciudades europeas, es la tranquilidad de poder disfrutar de la calle con tranquilidad. Una leyenda urbana dice que una de las formas para saber si una persona que va por la calle es colombiana, es porque mira para atrás a cada rato...

(el periódico La Nación Latina publicó el 13 de Octubre esta nota en su sección de actualidad)

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