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domingo, septiembre 16, 2007

Cuanto tienes, cuanto puedes delinquir

Justicia no es sino lo que conviene a los intereses de los más fuertes. El poder es lo único que hace que algo sea justo.
La República, Platón

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Es común oír que en la historia de la humanidad nunca se habían alcanzado los niveles de libertad (de movimiento, desarrollo personal, elección...) que actualmente se disfrutan en algunas sociedades. No pongo en duda esta afirmación, pero -siempre hay un pero- me pregunto si esta libertad está siendo ejercida dentro de un marco que tenga en cuenta su complemento indispensable: la justicia. Sobre este último concepto es sobre el cual quiero hablar en esta entrada, pero entendida como las normas que se plasman en los códigos y leyes y no sobre el concepto relativo, y por lo tanto discutible, de lo que es, o no, justo.

Para empezar, una hipótesis: la justicia se basa casi exclusivamente en la venganza que imparte la sociedad sobre quien rompe el acuerdo común y no se basa en el resarcimiento del daño como me gusta creer. En otras palabras la justicia es la medida acordada de la venganza que infringe la sociedad a quien rompe el acuerdo común: los paramilitares en Colombia dentro del proceso de desarme (lo de desmovilizarse ellos y su estructura, está por verse), ofrecen millones de dolares para reparar sus masacres y quedar en paz con la justicia; los grandes contaminadores del mundo, ponen sobre la mesa unos cuantos millones de dolares para pagar el costo de sus emisiones; los infractores de tránsito pagan la multa por saltarse una señal en rojo o dejar el vehículo en sitio para discapacitados. Ese es el tipo de justicia en la que he vivido: una justicia que valora la vida humana en euros, la salud de la población en tantos millones, el poner el riesgo la vida de un peatón en unos cuantos euros y cosas por el estilo.

A lo anterior se le suma que como en muchos otros aspectos de la vida, la justicia es una simple operación matemática, donde el castigo, es decir, el dinero que se debe pagar, se calcula en función de cuatro variables: la cobertura mediática que actúa como multiplicador; la gravedad de la infracción como un sumando; el poder -o su sucedáneo, la influencia- que se posea resta a la pena; y la distancia entre donde se comente el crimen y los centros de poder como divisor (a mayor sea la distancia, menor será la pena). El dolor real, es decir el que sufren las víctimas directas e indirectas, está incluido dentro la cobertura mediática (el dolor de una muerte se diluye entre la cantidad de noticias). Sin embargo, si se desea, la cobertura mediática puede multiplicar el dolor: si quieres ser víctima, llama a los medios. La combinación de estas cuatro variables y el marco general que brinda la libertad acordada por la sociedad, determinarán la pena resultante. Con la misma objetividad y frialdad con que un ingeniero calcula puentes y edificios de acuerdo a los códigos de construcción, los jueces y fiscales calculan el castigo que debe pagar un delincuente de acuerdo a las leyes aprobadas.

Si la anterior hipótesis resulta ser cierta, se puede decir que quien acumula dinero acumula el perdón de la justicia y libertad. Para ejemplificar esto, me gustaría mencionar una noticia publicada hace un par de meses en los diarios de Barcelona*: a raíz de la paulatina concentración de locales comerciales dirigidos por inmigrantes chinos en un barrio de Barcelona, una parte de sus habitantes organizaron una marcha en contra de esta dinámica. Cuando la policía se enteró de esta manifestación, fueron a comunicarle a los responsables que no era posible realizarla por la falta de permisos (no por el sentido moral que tiene hacer una manifestación contra un colectivo) y que si la llevaban a cabo se expondrían a una multa de hasta 30.000 euros. Los vecinos, como era de esperarse, desistieron. Sin embargo lo que me llamó la atención fue que el argumento para desconvocar la marcha fue que no tenían el dinero, no la ilegalidad de la acción. Ante estos hechos me da la impresión que en la sociedad occidental hay un acuerdo tácito que dice: "cuanto tienes, cuanto puedes delinquir". Como una pértiga, el saldo bancario sirve para saltarse las barreras legales. Si no me creen, los invito a reflexionar sobre el cumplimiento de algo tan sencillo como las normas de tránsito: ¿cuantas veces hemos dejado de cometer una infracción por el miedo a la multa y no por lo ilegal que es? ¿cuantas veces hemos hecho algo que no se debe hacer con la disculpa "no me ve nadie que me pueda multar"?.

¿Ahora bien, que alternativa queda para establecer otro orden de prioridades, para establecer otro sentido de justicia? La verdad no creo que exista, pues como dijo Goethe, "la Ley y el Derecho como una enfermedad incurable, se deslizan de generación en generación y avanzan de un lado a otro. La razón se convierte en algo absurdo y la bondad en perjuicio"** y frente a eso pocas cosas se pueden hacer. Como un gen recesivo, el dinero se ha introducido en la justicia desde muchas generaciones atrás, y hoy en día, parece ser un gen dominante.

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* Sobre este tema, aunque no sobre la misma noticia, me referí en una entrada anterior
**Fausto, Goethe, J. W. Ed. Espasa Calpe. Madrid, 2007. Pag. 102.

viernes, julio 27, 2007

¿Justicia o independencia?

justicia. (Del lat. iustitĭa).
7. f. Rel. Atributo de Dios por el cual ordena todas las cosas en número, peso o medida. Ordinariamente se entiende por la divina disposición con que castiga o premia, según merece cada uno.
Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española

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Palabras de ayer jueves de Alvaro Uribe, presidente de Colombia, relacionadas con el debate sobre si los paramilitares deben recibir el mismo tratamiento de los guerrilleros:
“Las instituciones tienen que cooperar armónicamente en busca de los fines superiores del Estado. Creo que haber desmovilizado 43 mil personas, que le ha traído un gran alivio al país y ha contribuido muchísimo a la reducción de la violencia, es un fin superior del Estado, es un interés superior de la Nación, es un bien público superior."
"Voy a invitar a mis compatriotas (...) para que ayuden al Gobierno en el propósito de obtener una legislación que le dé el mismo tratamiento a guerrilla que a paramilitares."
Desde mi perspectiva poner al mismo nivel paramilitares y guerrilla, es anular cualquier diferencia entre las motivaciones, y sobretodo los actos, de cada uno de ellos. Aunque son igual de salvajes y aberrantes las cosas que han hecho, y siguen haciendo, no es lo mismo descuartizar con motosierras a "su enemigo" que tenerlas muertas en vida durante cinco o más años en un secuestro en el medio de la selva. Los dos son actos cobardes, sin embargo, creo que las motivaciones deben condicionar el castigo y premio que la sociedad les imponga. Si tan solo nos remitiéramos a los actos por los cuales se les juzga, el coronel acusado de torturar y desaparecer a un sobreviviente del ataque al Palacio de Justicia, tendría que tener el mismo trato de un paramilitar y un guerrillero. Todos cometieron tortura, todos cometieron actos salvajes e inhumanos, sin embargo dudo que alguien defienda que el coronel debe ir en el mismo saco que los otros*.

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“Hay otro elemento para pedir que haya unidad de Estado, y es que no se alegue la independencia en las instituciones para eludir responsabilidades frente a esta desmovilización: estas decisiones han sido decisiones de Estado." (Alvaro Uribe)
A esto se le suma que en Colombia se ha creado una situación tal, que el máximo órgano relacionado con la administración de la justicia, la Corte Suprema de Justicia -que por definición debe ser independiente-, tiene miedo que se le acuse de ser un obstáculo de la paz por mantener su condición de ente independiente. En una declaración, los miembros de la Corte afirman "que el nítido cumplimiento del deber no se entienda, equivocadamente, como un obstáculo al proceso de paz". Me imagino que lo que se necesita para solucionar la guerra, y que yo todavía no logro aceptar ni entender, es que la justicia no sea independiente de las decisiones políticas, sino por el contrario, que vayan de la mano. Si esto es así, me gustaría saber si con esas condiciones se sigue siendo una democracia.

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Aclaro que no defiendo ni al paramilitar que descuartiza, ni al guerrillero que secuestra, ni mucho menos al militar que tortura.


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*Después de los comentarios de Juan, debo corregir y cambiar esta frase por la siguiente:
"...sin embargo me pregunto: ¿el coronel debe estar en el mismo saco que los otros?."
Gracias.

miércoles, julio 04, 2007

Si el mundo fuera justo

... la tragedia invernal que vive Colombia, donde hay casi 600.000 damnificados, solamente entre marzo y junio, ha causado la muerte de 57 personas y afectado a 250 municipios, tendría una cobertura proporcional a tantas otras tragedias similares.

... los países más contaminantes serían los que más padecerían los efectos negativos del cambio climático: incremento del nivel del mar, sequías, hambrunas...

... en el mundo occidental las donaciones a organismos solidarios no serian la cuarta parte de lo que se gasta para alimentar perros y gatos.

... el hambre y la bulimia serían problemas en los que se invertiría la misma cantidad de dinero para solucionarlos.

... el desarrollo no se mediría únicamente por el incremento en el PIB, el número de camas disponibles o los kilómetros de carreteras, sino también (y diría que especialmente) por la disminución del analfabetismo, el incremento de grifos con agua potable y el acceso a medicamentos esenciales, entre otras cosas.

... los países que apoyan la salida negociada a cualquier conflicto de cualquier país del mundo (comenzando por el que vive Colombia) dejarían de venderles armas para continuar la guerra - por lo general los vendedores de armas son los mismos que apoyan los "procesos de paz" o las "salidas negociadas" a los conflictos y una vez que se logra la paz, prestan el dinero para construir las infraestructuras que han destruido las armas que ellos han vendido.

... a los colombianos y españoles cuando llegan a cualquier aeropuerto del mundo, los pondrían en una fila separada por ser sospechosos de llevar droga: unos por ser los mayores productores y otros por ser los mayores consumidores.

... los europeos no se olvidarían que hace 100 años representaban el 90% de los inmigrantes en todo el mundo.

... los colombianos no nos hubiéramos acostumbrado a la barbarie cotidiana para poder sobrevivir.

... los desplazados por la violencia en Colombia no vivirían peor que los indigentes. Es más, si el mundo fuera justo, ni los unos ni los otros tendrían que vivir de esa manera, unos expulsados de sus casas y otros expulsados de la sociedad.

Pero no, el mundo no es justo y quizás nunca lo ha sido ni lo será. Sin embargo creo que si podemos evitar que sea más injusto... o las cosas están peor de lo que me imagino, yo estoy equivocado y haga lo que haga la justicia no disminuirá, sino que seguirá aumentando?
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