Mostrando las entradas con la etiqueta prejuicio. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta prejuicio. Mostrar todas las entradas

jueves, noviembre 03, 2011

De prejuicios y dioses de supermercado


Llego a un supermercado, no importa el nombre, no importa el lugar. Podría pasar al lado de tu casa y de la mía. Hace frío afuera y gracias a la lluvia tengo frío. Dentro del supermercado, como no puedo evitar pasar por la sección de congelados, el frío se hace más intenso. Lo único que pienso es en algo caliente que me estimule el espíritu. El Dios de los supermercados –en todas partes hay un Dios – me pone al final del pasillo de los embutidos a una agradable señora encargada de atraer nuevos clientes  regalando pequeñas muestras de butifarra artesanal. 

Mientras mi alma elevaba una oración de agradecimiento al Dios de los supermercados por darme esta oportunidad de no perder la fe. La señora, con una sonrisa bastante cercana a la sinceridad, comienza a explicarme en su idioma las ventajas del producto. No me mira a los ojos pues mientras me habla, ella está concentrada en un señora que pasa por mi lado muy interesada en el producto. Que no me mire, no me molesta, es más, me alegra que no se dirija a mí, así puedo continuar rezando y disfrutando de como el frío remite de mi cuerpo. Una vez que la posible clienta después de haber visto el precio del producto, sigue de largo, la señora que el Dios de los supermercados me había puesto en mi camino, me mira por primera vez a los ojos. Y ohhh sorpresa. Mi no-se-qué que siempre me convierte en “sospechoso” de no haber nacido a pocos kilómetros de esta ciudad, sino a miles de kilómetros de aquí, hace que la señora, en una misma frase cambie de su idioma nativo al mío. Y lo hace con una mirada y un cambio de tono de voz que lo primero que pensé era que me pedía disculpas por dirigirse a mí en un idioma que, en teoría, yo no debería conocer. Yo no sé si agradecerle por el gesto de cambiar de idioma o por la butifarra.Con la boca medio llena, sonrio y sin decir nada, sigo mi camino.

Gracias a Dios y a la butifarra, el frio es menor. Sigo caminando hacia la sección de vinos, hoy tengo una cena familiar y cualquier vino no sirve. Pienso en las razones que tuvo la señora enviada-por-Dios para cambiar su idioma cuando se fijó por primera vez en mi. Mi reacción inmediata fue de una pequeña y molesta rabia. ¿Acaso ella piensa que únicamente por mi no-se-qué de inmigrante me hace incapaz de entender su idioma? ¿Acaso ella no sabe que soy, como dicen algunos exámenes fully competent en su idioma? ¿Acaso no sabe que yo trabajo, hablo y escribo en su idioma?.
La primera respuesta a esas preguntas hace que la rabia no sea más grande, pero si más molesta. Dejo esas reflexiones al lado, debo concentrarme en el vino rioja reserva de 2007 que estoy buscando. Al final de la estantería lo encuentro. Dios no me abandona y tengo lo necesario para la cena.

Dirijo mi camino a las cajas. De forma intencionada paso por la sección de butifarra gratuita que Dios me mostró, para hablar con la señora y demostrarle que yo también conozco su idioma. Bueno, también para comer un poco más de butifarra caliente. Sin embargo, al pasar por el puesto donde antes estaba la señora, ella ya no está, pero afortunadamente dejó unos cuantos trozos de “libre disposición”. Vuelvo a agradecer a Dios por su generosidad.

Estoy haciendo fila para pagar y veo en la distancia a la señora de las butifarras; mientras habla con otro posible cliente no deja su sonrisa que me sigue pareciendo bastante sincera. Pienso en la rabia que me había producido el encuentro de pocos minutos antes. Sin embargo, en el medio de esas reflexiones, por una extraña asociación de ideas tengo la certeza que mi rabia no era justificada: entiendo que la señora quería ser amable conmigo al dirigirse en un idioma que yo, supuestamente, si pudiera entender. La señora intentaba convertirme en un cliente y para eso quería evitar cualquier malentendido idiomático. La señora intentaba ser, sencillamente, amable conmigo y ella ser una buena vendedora.

Me acuerdo de un amigo que me dijo hace tiempo, no por ser paranóico significa que te están persiguiendo. 

Salgo del supermercado, agradezco a Dios de los supermercados por su generosidad, a la señora de las butifarras por su amabilidad y a mis amigos por su sabiduria. 

***
Dos entradas de "ñapa":

Una entrada antigua sobre el Dios de los supermercados una entrada de hace tiempo pero que no pierde vigencia: En defensa del consumismo

Una experiencia similar pero ya no desde el prejuicio del inmigrante hacia el nativo, sino del más conocido y divulgado: del Nativo hacia el inmigrante: Hay miradas que matan

lunes, noviembre 13, 2006

Pido la palabra

"Hoy en día, la imaginación ocupa una buena parte del espacio que le era propio de la observación." La sociedad invisible. La sociedad invisible. Daniel Innerarity Editorial Espasa, 2004, Madrid, España.

Hoy como nunca antes, las ideas son las que están moviendo el mundo: la idea del miedo es la que sostiene una guerra al terrorismo; la de ganancia es la que mueve la economía; la de mi-Idea-es-superior es la que mueve al fanatismo religioso o político; la de la laicidad es la que obliga a niñas que profesan el islam a quitarse el velo cuando van al colegio; todos son ejemplos de ideas que en mayor o menor medida hacen que las sociedades se transformen. En la actualidad el impacto que las ideas pueden tener, está condicionado por su difusión en los medios de comunicación, ya que los hechos que no se comunican es como si no hubieran existido. La experiencia directa, por lo tanto, ya no es la principal fuente de conocimiento, hoy en día son los medios. El conocimiento que tenemos de la realidad es sencillamente una percepción de “segunda mano”, una realidad filtrada y sesgada por lo que se comunica en los medios.

La multiplicidad, simultaneidad y complejidad de los acontecimientos que ocurren hoy en día, hacen que los medios de comunicación sean la única manera de abarcar, no siempre de entender, esa avalancha de información. La parte más compleja del proceso de informarse consiste, por lo tanto, en saber como procesarla e interpretarla. Sin embargo, los medios no nos facilitan esta labor, puesto que si se quiere obtener una opinión sobre las cosas que le afectan a los implicados se tiene que pasar por el filtro de las encuestas o por las opiniones de los expertos sobre el tema en particular.

Respecto a la dificultad que se tiene para realmente conocer lo que ocurre a nuestro alrededor, me gustaría mencionar dos casos muy sencillos: Para saber sobre los problemas que aquejan a la población inmigrante, se debe recurrir a las encuestas, que, como todos sabemos, pueden ser fácilmente condicionadas -cuando se le pregunta a un inmigrante que comparte una habitación con 5 desconocidos, si siente que tiene problemas para acceder a una vivienda digna por su condición de inmigrante, la respuesta más que probable es si. El segundo caso se relaciona con los medios que contratan a expertos para opinar lo que sienten, piensan o quieren determinados colectivos -lo cual me parece en algunas ocasiones particularmente arriesgado. Cuando leo a los expertos que escriben sobre inmigración me pregunto si es que los inmigrantes no tenemos la capacidad de opinar sobre lo que es mejor para nosotros. Parece que somos una hoja en blanco a la espera de ser escrita y descrita por los locales y muchas veces me hago la pregunta que si esos mismos expertos se considerarían representados por personas que no conocen de primera mano su realidad y sus motivaciones. ¿Si nos tienen al lado porqué seguimos siendo considerados como una población “de estudio” y no un grupo de opinión?. Para saber de primera mano lo que opinan los inmigrantes sobre la sociedad de acogida es necesario leer los periódicos destinados a estos colectivos, una situación que con el tiempo puede provocar "guetos informativos", espacios hechos por y para determinados colectivos.

Para ratificar lo anterior lo invito a buscar en los medios de comunicación, colaboradores habituales que sean provenientes de los colectivos a los que se refieren. Se podría argumentar que la visión que esas personas, sería extremista o como mínimo sesgada, ¿pero acaso no está igualmente sesgada la opinión del experto por su propia experiencia?, y sobretodo, si existe un discurso de integración y convivencia, ¿Como podemos pretender entender a aquel que no le damos voz para ser escuchado?
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...