sábado, enero 12, 2008

Colombia paradójica

Me gusta andar, pero no sigo el camino
lo seguro ya no tiene misterio,
me gusta ir con el verano muy lejos,
pero volver donde mi madre en invierno.
Y ver los perros que jamás me olvidaron
y los abrazos que me dan mis hermanos,

No soy de aquí, ni soy de allá
no tengo edad, ni porvenir,
y ser feliz es mi color de identidad.

Alberto Cortéz (una versión de Facundo Cabral en
www.youtube.com)
____

Después de más de un año sin sentir el verde y la inmensidad de las montañas de Colombia, este fin de año pude volver a hacerlo con la tranquilidad de quien sabe que "su tierra" es un punto indefinido (¿inexistente?) entre uno y otro lado del Atlántico. Esa sensación de ser un alma en constante movimiento permite tener una percepción privilegiada del entorno: tus sentidos se vuelven más detallistas, ves cosas terribles en hechos banales, pero en otras ocasiones algunas pequeñas maravillas cotidianas te llenan el alma. Con esos ojos y con esa piel fue mi n-simo viaje a esa esquina de Suramérica que por más que quieras nunca te decepciona, es posible que algunas veces te asuste pero justo después te dará una sorpresa que sin entender porqué, le da un sentido a la vida.

Quizás esa sensibilidad fue la me permitió escuchar en una cafetería del norte de Bogotá los "hechos cotidianos" que contaba una pareja de ancianos que se sentó junto a mi mientras esperaba mi primera changua del viaje:

-... en serio se lo llevó la policía?
- Si, imagínate que iba a por la calle a eso de las dos de la mañana cuando sin saber como ni cuando, se encontró en medio de una pelea con unos desconocidos y afortunadamente paso por ahí un carro de la policía y se los llevó a todos a la cárcel durante una noche.
- ¿Pero sin razón o motivo aparente se pusieron a pelear?
- Me dijo que fue por defender el honor y hacerse respetar, pues el otro grupo los estaba mirando mal.
- Dios mio!!!. Como en pleno siglo 17 cuando se batían a duelo por el honor irrespetado.
- Este barrio ya no es lo que era. ¿Te acuerdas del hijo de la señora que vivía en el apartamento que está encima del mio?
- Si claro, el que estudia en la Universidad A. Muy serio y tranquilo ese joven. ¿Qué le pasó?
- Pues saliendo de un bar, le robaron todo lo que llevaba y al parecer o iba muy borracho o le dieron escopolamina pues él no se acuerda de nada.
- Pero eso no es nada, ¿te acuerdas de mi vecino?. Pues resulta que dejó 5 minutos el carro en la calle mientras entraba a un banco y le robaron el equipo de sonido.
- Increíble, si hace tan solo un par de semanas se le intentaron meter a la casa y...

En ese momento, cuando iba a escuchar el quinto delito del día, llegó mi ansiada changua y preferí disfrutarla sin prestar tanta atención a lo que me rodeaba.

Si, esa es Colombia. Un país donde es difícil entender como en el mismo barrio que ocurre todo eso, media hora antes había entregado las llaves de mi carro a un desconocido, "por si tenía que mover el carro para dar vía a otros", con la mayor tranquilidad; un carro que estaba lleno de maletas con regalos para navidades y documentos personales. A pesar que la conversación de los ancianos me dejó un poco paranoico pensando que mis regalos iban a ser el quinto delito del que tuviera conocimiento, cuando regresé al carro, tal y como yo lo esperaba, no faltaba nada, estaban las llaves de la casa, unas cuantas monedas, las gafas de sol y los regalos. Lo único extraño fue que habían movido el carro del sitio donde lo había dejado.

Esa, y no otra, es la Colombia que extraño. La Colombia de verdad y llena de esas pruebas increíbles de confianza y honestidad en un entorno de inseguridad y paranoia. Una Colombia que me había contado cuatro delitos recientes en menos de 5 minutos y que a pesar de haber confiado mi carro a un desconocido, todo estaba en su sitio.

Sin embargo, y a pesar de extrañarla, esas son las cosas que me cuestan trabajo entender de Colombia. Si uno sale a la calle en el carro, siempre se está pendiente de tener todos los seguros puestos, pero cuando llegamos a un parqueadero, entregamos las llaves del carro a un total desconocido y fuera de eso nos sentimos más tranquilos!... No entiendo a Colombia y quizás esas paradojas sean parte de los motivos para que propios y extraños se apasionen con ella.

Para terminar esta entrada de contradicciones colombianas, mencionar que los últimos días estuve en Iza (Boyacá) en un hotel donde, por cuestiones tecnológicas, no se pude pagar con tarjeta y el efectivo que tenía no era suficiente. Por este motivo el dueño del hotel no tuvo mayor inconveniente en decirme que si quería nos veíamos en el centro de Sogamoso (a unos 10 kilómetros del hotel), donde había un cajero automático, y allí le pagaba el dinero. Lo sorprendente de esto, es que el dueño no tenía ningún, pero ningún dato mío, a duras penas un número de teléfono y mi nombre (que hubieran podido ser falsos). Nada más, ni documento de identificación, ni fianza, nada. El dueño del hotel le bastó mi palabra para dejarme ir con maletas, llaves de la habitación entregadas y carro y sin dejar ninguna garantía a cambio (bueno, tan solo la costumbre del siglo 17 de dejar la palabra empeñada). Según lo acordado, nos vimos 1 hora después para pagarle la deuda de tres noches de hotel.

Comparar es malo, pero no puedo evitarlo. Ahora mientras escribo estas palabras me acordé de alguna ocasión en que en un restaurante de Barcelona en el momento de pagar mi comida me encontré en la misma situación (sin dinero y sin posibilidades de pagar con tarjeta), pero el dueño del restaurante me pidió que le dejara mi documentación como garantía. Era de noche y no conocía la zona; dí varias vueltas buscando el dichoso cajero automático hasta que por fin lo encontré, saqué dinero y pude pagar para recuperar mi identificación. Tengo que decir que mientras buscaba ese cajero en ningún momento me sentí con miedo a ser robado en ninguna de las solitarias calles que recorrí, el único que temía ser robado era el dueño del restaurante.

***
Aprovechando "este momento de efervescencia y calor" patriótico con que está escrita esta entrada, quiero dejar dos canciones que unidas pueden dar una idea de lo ese sentimiento tan extraño que es sentirse Colombiano. Pues como dice Jorge Luis Borges en uno de sus cuentos: "Qué es ser colombiano? -No sé-le respondí-. Es un acto de fe".

Soy Colombiano (Silva y Villalba)
Ciudad pacífico (Ekhymosis - el grupo con el que Juanes comenzó a ser reconocido)

martes, enero 08, 2008

Preguntas sin respuesta

Suena el timbre. Miro por el visor de seguridad de la puerta y pregunto quien es. Me responde una voz monoacorde (no podía ser de otro modo) "Soy Rutina Monótona y vengo a ofrecerle unos productos que mejoraran no solo su presente sino su futuro". Con esa respuesta preferí la curiosidad frente a la confianza y le abrí la puerta.

De alguno de los libros de Kundera concluí que la forma en que nos vestimos es, en si misma, una declaración de principios. En este caso me llamó la atención el color sus prendas: todas eran diferentes variaciones de un mismo gris, eso sí, cuidadosamente escogidas para que ninguna llamara la atención sobre las otras. Ahora que lo pienso en perspectiva creo que una revista de moda calificaría estas prendas como "elegantes", pero mi ignorancia en estos temas la calificó en ese momento como "aburridas". Sin embargo, el tono de voz y sus gestos, siempre pausados, rítmicos y fluidos me parecían interesantes y confirmé que sería, como mínimo, interesante oír sus ofertas.

Le pregunté si quería tomar algo para refrescarse pero tan solo me aceptó un vaso de agua. Después de dar su primer trago comenzó su retahíla sobre las ventajas que tiene contratar los servicios que venía a ofrecer. En mi defensa tengo que aclarar que para evitar caer en la autocomplacencia siempre busco contrastar mis opiniones con quien está al otro lado de mi orilla, así que por eso decidí invitarla a pasar. Muchas veces prefiero hablar con quien no estoy de acuerdo que con aquel que coincide con mis opiniones; del primero puedo aprender, con el segundo, casi siempre, tan solo puedo reafirmar mis opiniones. Es decir, cuando hice entrar a Rutina a mi casa era consciente que estaba haciendo. Tenía sentada en mi sala una de mis grandes contradictoras.

Los productos que me ofrecía eran más bien conocidos: relojes, agendas y compromisos (a pesar que todo estaba relacionado con horarios en ningún momento mencionó "más tiempo"). Los beneficios de incorporarlos, junto con un paquete de servicios que incluía la gestión de mi tiempo, eran indudablemente provocadores: tranquilidad, una vida planificada, ordenada y predefinida. Todo me sonaba a tener una vida "prefabricada". Pensar que a partir de ahora era posible vivir en un mundo de certezas, algo que no concebía hasta hace poco, era muy tentador. Su conversación -no digo "nuestra"pues para conversar se necesitan como mínimo dos personas- estaba pensada para seducir al más incrédulo. Pero por encima de todas las ventajas que tendría contratar sus servicios, la que más me llamó la atención fue la posibilidad de disfrutar de un mes de vacaciones cada año durante el resto de la vida.

Hasta este punto tengo que reconocerlo, cada vez me iba convenciendo más y más. Como las promociones de centros vacacionales, todo era maravilloso y relajante. Pero también como en esas promociones, era necesario hablar del costo. En este punto la voz de Rutina se volvió más suave, las frases más ambiguas y menos descriptivas, pero eso si, sin mostrar el menor resquicio de duda. Una vez que me recordó los increíbles beneficios de sus servicios, su conversación, de nuevo la de ella, fue, más o menos, como sigue:

"Como usted sabe en este mundo no solo somos lo que queremos ser ni como nos sentimos, somos cada vez más como nos ven. Así que nuestros productos se encargan de la tercera parte, es decir de la imagen que usted proyecta, para que en sus tiempos libres se dedique a cultivar su ser interior mientras nosotros nos encargamos del resto. Para esto le proponemos un programa donde en lugar de distribuir sus horas libres diarias a lo largo del año, usted nos entrega este tiempo, y se lo concentramos en un mes donde no tendrá que preocuparse de nada, para que así pueda tener tiempo para cuidar su yo interno mientras nos encargamos de diseñarle un destino exótico que le permita transmitir una imagen adecuada a su perfil. En últimas, lo que le proponemos es optimizar su tiempo libre, pues usted bien sabe que bienes tan preciados como el tiempo, se aprovechan mejor cuando están concentrados y no dispersos."

[en este punto me asusté mucho pues no sabía que estaba perdiendo mi tiempo disfrutando de pequeñas cosas todos los días]

"Para poder acceder a nuestros servicios, usted tan solo nos tiene que firmar este documento en el cual se compromete a trabajar al rededor 11 meses al año, con ocasionales días de descanso acordados mutuamente y con recompensas esporádicas tales como vehículos y aparatos eléctricos que permitirán reforzar la imagen que usted proyecta. Al final de los once meses, usted podrá aprovechar todo el tiempo libre acumulado recorriendo el mundo gracias a nuestra extensa red de servicios durante un mes completo y sin preocuparse de nada...".

En este punto ya no quise seguir escuchando las ofertas que me estaban ofreciendo. Tenía trabajo que adelantar y no podía dedicarle más tiempo a una propuesta que no iba a aceptar. Le dije que lo sentía pero que no me interesaba y le recomendé visitar a un par de conocidos. Ella, al parecer estaba acostumbrada a que la despidieran de esta manera, pues su tono de voz se adaptó al mío y me hizo sentir que esta súbita despedida era parte de su conversación. Sin saber cuando ni como, me encontré enredado en su discurso y era ella la que dirigía la caminata hacía la puerta, hacía la puerta de MI casa. Mientras ella me despedía en el rellano de MIS escaleras (no olviden que ella era la que manejaba la situación), me dijo "mire, aquí le tengo el contrato piénselo con calma, y si se convence fírmelo y lo envía a la dirección que aparece abajo. Pero antes de marchar, y abusando de su confianza, quiero hacerle una pregunta que le ayudará a saber si le conviene este contrato: "¿hay alguna diferencia entre lo que le ofrezco y la forma en que usted vive?". De nuevo muchas gracias por su atención, y estoy segura que nos volveremos a ver". Sin decir más, se fue con una sonrisa en sus labios.

***

Como este relato se está haciendo muy largo, tan solo quiero mencionar que el contrato lo tengo aquí al lado mío. He reflexionado mucho al respecto. Al comienzo pensé en desecharlo y tirarlo a la basura. Sin embargo, el contrato sigue ahí. No he podido olvidarme de él, pues todavía no he logrado responder a la pregunta que ella me hizo mientras me despedía en mi propia puerta.

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PD. Después de tres semanas desconectado de internet y cualquier artilugio de comunicación, vuelvo con este ejercicio de pelearme con las palabras. Espero poder seguir actualizando este espacio al menos semanalmente.
omchamat

jueves, diciembre 13, 2007

La historia la cuentan los vencedores

Una entrevista que me encontré hace algunos días en El Periódico de Cataluña y que me recordó un ensayo de William Ospina que plantea que mientras los españoles se aterraban que los indios adoraran al sol o a la luna, los indios se asombrarían que los españoles adoraran a una cruz de madera. Uno podrá estar de acuerdo o no, pero no se puede negar que es una idea provocadora...
Hasta la próxima!

omchamat
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"Un azteca vería salvaje al europeo"

--El protagonista de su libro, Quetza, llega a Europa antes que Colón a América. Póngame en sus ojos.
--Al llegar a España, a lo lejos habría visto una columna de humo y olería a carne asada. Habría pensado en comida, pero era la Inquisición quemando herejes. Vería los templos religiosos presididos por un hombre clavado en una cruz, un canto a la tortura. Y vería a los fieles simulando beber la sangre de su dios.

--¿Qué habría pensado?
--Que había llegado a una tierra de caníbales. Un azteca habría visto salvaje a un europeo. No es tan extraño, siempre tendemos a encontrar salvaje al desconocido.

--Lo que Quetza había dejado en América no era muy alentador.
--Sin duda. Salvajes y civilizados había a ambos lados del Atlántico. Quetza se pronuncia contra los sacrificios humanos de los aztecas y el poder despótico de sus monarcas. Mi personaje se parece más a un hombre del Renacimiento italiano.

--Habrá quien busque en su libro una mirada vengativa.
--Nada más alejado de mi intención. El libro pretende poner un espejo y mostrar cómo habría sido la historia si hubiese ocurrido al revés. Quetza también tiene un encuentro con la reina Isabel, como hizo Hernán Cortés cuando llegó a Tenochtitlan y se maravilló con lo que encontró.

--¿Qué resultado da el juego de especular?
--Que en realidad no éramos tan diferentes. Los barcos que llegaron a América venían cargados de contradicciones. No es cierto que el civilizado arribara para salvar al salvaje.

--¿Ese viaje previo americano habría sido posible técnicamente ?
--Sí. Los aztecas habían hecho mapas del cielo que les daban que la Tierra era redonda antes de Copérnico. Tenían una tecnología avanzada. Pero, ¡ay!, desconocían la rueda.

viernes, diciembre 07, 2007

Tres "sobre.."

Sobre las cien entradas: Esta entrada es la número cien de este blog así que este ejercicio de pelearme con las palabras que están encerradas en una cárcel de letras, como escuché hace poco, ha sido mucho más largo de lo que esperaba y creo (y espero!) que va a durar al menos un buen tiempo más, pues aún no dejan de surgir muchas preguntas y afortunadamente pocas respuestas.

Sobre regalos: Desde hace poco más de un mes asisto a un espacio donde en un espacio del más absoluto respeto por la opinión de los otros y desde una visión no de expertos, sino de sinceros interesados se plantean puntos de vista sobre los más diversos temas: desde la concepción del tiempo hasta la música pasando por la interculturalidad. Estas reuniones tienen una característica muy particular y es que sus sesiones quincenales terminan a medianoche en punto, ni un minuto antes ni un minuto después. En este espacio la semana pasada me llevé una muy grata sorpresa, que la considero como un regalo para conmemorar la entrada número cien de este blog: después de una intervención muy interesante sobre la paz e interculturalidad, por sorpresa, se leyó una reciente entrada de este blog: "¿a quien le pertenece mi tiempo?". El nivel de las intervenciones recientes han sido, según mi parecer, de la más alta calidad, y poner una pregunta que me hice al lado de esas otras lecturas de verdad que me alegra.

Sobre paz e interculturalidad: Dentro de una semana viajo a esa Colombia real. Ya llevo más de un año sin vivirla pero sin dejar de sentirla. Ahora voy a ver como esta vivencia como persona inter/multi-cultural me ha cambiado mi visión de las cosas. Siempre he tenido la pregunta sobre que tanto la distancia física que me separa de esa Colombia real tergiversa mi percepción de las cosas, especialmente en lo que se refiere a la Paz y de lo que allí pasa. La Colombia que yo siento y conozco se parece cada vez más a una Colombia de "segunda mano", una Colombia que ya ha sido analizada, descrita y muchas veces interpretada por los medios de comunicación. Vamos a ver como es esa Colombia de "primera mano". Vamos a ver como esa paz tan promocionada la siento desde mi experiencia intercultural. Por ese motivo este blog se actualizará de manera más esporádica durante estas semanas.

miércoles, noviembre 28, 2007

Extraño Colombia (Noticias de mi país V)

Uno lee los titulares de dos medios de comunicación de Colombia, no importa el día, y es difícil no pensar que Colombia esta realmente jodido. Sin embargo, aparecemos, de nuevo, dentro de los países más felices del mundo. Yo sinceramente estoy tan de acuerdo con lo primero como con lo segundo. Extraño a esa Colombia jodida, con ganas de salir adelante con una sonrisa en la mayoría de las veces, pero en otras con un aire de desesperanza en la mirada. Extraño a esa Colombia con casi todos los paisajes que pueden existir desde desiertos hasta nieves (cada vez menos) perpetuas. Extraño la Colombia de la música en todos los sitios, la sonrisa en las personas y la casi infinita bondad de sus campesinos. Extraño el colorido de nuestra piel (y de nuestra ropa). Extraño el caos organizado en el que se vive. Pero no extraño a la Colombia de sus politiqueros que parece que se reencarnaran en versiones cada vez más ignorantes y descaradas que sus predecesores, tampoco extraño a esa Colombia supuestamente perfecta donde ya se sabe quienes son los buenos y quienes los malos y que es la misma Colombia a la que se le olvidaron sus matices y donde quien no está con unos está contra ellos.

Sin embargo a pesar de los titulares, de la visión catastrofista que publican los medios y de los cuales muchas veces me hago eco, no he conocido al primer no-colombiano que haya ido al país y no diga que son muchas más las cosas maravillosas que tiene el país que las malas que salen por los medios. Extraño a la Colombia de verdad y no a la Colombia que me pintan como perfecta.

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Sin quererlo, esta entrada tiene mucho que ver (quizás todo) con una públicada recientemente en los sonidos invisibles. Gracias Ana Maria!

jueves, noviembre 22, 2007

Un respiro (II)

Respiro profundo. Siento como mis pulmones se llenan de aire y lo retengo por unos segundos. Que sensación más extraña. Se me había olvidado lo que se siente.

No sé desde hace cuantos días que no recordaba que mis pulmones se pueden llenar de esta manera, pues mi ritmo de respiración por la rutina del trabajo no me lo pedían. Sentado en una silla frente a este computador, no necesito más que un mínimo de aire para poder sobrevivir. Es como poner un piloto automático que me da lo mínimo para cumplir mis funciones vitales y que me permite poder seguir esta rutina otro día, pero sin embargo un piloto que se le olvida que también hay que vivir.

Esta semana, esta vez si es inevitable, no puedo actualizar el blog como me gustaría. La pregunta sigue en el aire... ¿a quien le pertenece mi tiempo?....

omchamat

domingo, noviembre 11, 2007

Fumando espero, fumando muero

Cada persona es libre de suicidarse como quiera. A fin de cuentas desde que morimos cada cosa que hacemos es con ese único objetivo, postergar o acelerar el viaje hacía donde nace el sol. Nacemos con la muerte pegada a nuestro destino. Morir es nuestro sello de fábrica, nuestra fecha de caducidad, nuestra garantía.
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Nacemos con el derecho de morirnos como nos dé la gana. Que a lo largo de la vida ese derecho sobre nuestra vida lo compartamos con otros para poder vivir, es otro tema. La familia, tu pareja, tus hijos, tus mascotas, incluso, los más arriesgados delegan ese derecho en los bienes materiales, todos ellos son alicientes para postergar lo más posible la inminente muerte. A algunas personas nos gusta tomarnos nuestra dosis de suicidio comiendo comida basura de vez en cuando; otros prefieren meterse una raya de cocaína o inyectarse cualquiera de las drogas disponibles en el mercado; otros se torturan con un pasado lejano que no les permiten disfrutar del presente y mucho menos darse cuenta que a pesar de todo, queda un futuro por delante. Sin embargo creo que los campeones del suicidio personal y colectivo son los fumadores.

Como creo que queda claro del párrafo anterior creo que morirse no es una opción sino algo inevitable y fuera de eso, y por el bien de la humanidad -como lo sugieren Borges y Kundera- morirse es también una obligación moral. Así que como parte de esta época de muchos derechos personales pero pocos deberes consigo mismo, hemos incluido el derecho a suicidarse como a uno se le de la gana. Sin embargo, creo que incluso cuando la muerte es el objetivo, también existen unas reglas que deben mantenerse. Y aquí es donde viene el argumento central de esta entrada: los fumadores, ejerciendo su derecho a suicidarse, están acortando mi vida sin yo haberlo pedido.

Cada cierto tiempo en los medios de comunicación españoles, se agita el derecho de los fumadores a ejercer su lento suicidio en los bares y restaurantes. Según lo que manifiestan los practicantes de esta variante del suicidio, ellos también tienen derecho a tener lugares donde fumar; según les he entendido reclaman "tolerancia" y "derechos del fumador". Totalmente de acuerdo. ¿Pero no deberían también entender que los no fumadores tenemos derecho a respirar un aire sin nicotina? En este sentido aunque pueden sonar radicales estas palabras, no me considero ni siquiera cercano a los extremistas que piden que no se fume ni siquiera en los espacios públicos como los parques, las calles o la playa. Todo en su justa medida. Cuando me refiero a "respirar un aire sin nicotina" estoy pensando en esos espacios semi-públicos como los bares y restaurantes donde debería ser obligatorio prohibir fumar, como ya lo es en países tan similares a España como Italia.

El fumador que se sienta al lado mio a diferencia del alcohólico, que es la comparación más frecuente, con su humo me está convirtiendo en fumador pasivo. El borracho, a no ser que sea de la variante kamikaze -los que se ponen violentos con cuatro copas en su sangre-, en general no modifican mi esperanza de vida por el hecho de estar cerca mio. En cambio el fumador, a pesar de la multitud de noticias sobre lo dañino que también resulta para el fumador pasivo, si altera la forma en que decidí suicidarme. Por eso, y pido disculpas sinceras a mis amigos, familiares y conocidos fumadores, me cuesta ser tolerante y sentirme a gusto cuando entro a un restaurante a disfrutar de un buen plato o una copa de vino, y entre el aroma de la comida se entremezcla el amargo olor (ni siquiera aroma) de la nicotina.

Lo repito, cada persona es libre de suicidarse como quiera. Pero lo único que pido, es que me dejen suicidarme como yo quiera. Dicen que no hay nada más bueno que un cigarrillo después de comer o después de un café. Pero les garantizo que no hay nada más sabroso que salir de un restaurante sin el olor a cigarrillo impregnado en la ropa.

sábado, noviembre 03, 2007

¿A quién le pertenece mi tiempo?

Que el hombre vuelva a capitalizar siglos en vez de capitalizar leguas. Que la vida humana sea más intensa en lugar de ser más extensa.
La Penúltima Versión de la Realidad. Jorge Luis Borges. 2005. Instituto Cervantes, RBA, Barcelona.

Hay días en que me cuesta creer en el sentido humano de la vida misma. Momentos en que la monotonía de mis actos no hace otra cosa que ratificar la irracionalidad de mis motivaciones.
omch

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Primera imagen:
Es un sábado cualquiera, cinco de la tarde. Salgo a caminar y me siento en un parque. Entre los niños que disfrutan de si mismos, me fijo en un par de perros peleando por un juguete que creen les pertenece y que una vez uno de ellos (el más pequeño y ruidoso) logra su posesión, sale corriendo donde su dueña a entregárselo y repetir el ritual. El juguete se lo da a una señora de unos treinta y cinco años vestida para un sábado de descanso: pantalones anchos, camisa de algodón con colores vivos -seguramente entre semana prefiere colores neutros y texturas frías para no llamar la atención en el trabajo-; no parece ni muy adinerada ni muy apurada económicamente. Pero hay algo que hace que me fije en ella de manera especial: una conversación por uno de esos teléfonos de última tecnología que, según la publicidad, te permite conectarte donde quiera que estés (creo que la realidad es que te impide desconectarte donde quiera que estés) y de la cual, por la vehemencia de su gesticulación y el tono de voz que sube momentáneamente, apenas logro captar algunas palabras: "entregas", "urgente", "¿ahora?". Sin duda está tratando de solucionar algún inconveniente en el trabajo. La compadezco.

Segunda imagen:
Esa visita al parque me hizo recordar el cuento de Borges con el cual comienzo esta entrada, donde se propone como principal diferencia entre el ser humano y el resto de la naturaleza es que nosotros podríamos -es una posibilidad- acumular tiempo mientras que las plantas acumulan energía y los otros animales distintos al ser humano, territorio. Cuando Borges dice "acumular tiempo", se refiere a la capacidad que tiene el ser humano para acumular conocimiento: el tiempo materializado en una idea, una tecnología, una palabra o un libro es a lo que se refiere el autor. Cuando los españoles llegaron a América no eran conscientes de este hecho y dieron por sentado que el tiempo, y por lo tanto el conocimiento, de los indígenas no servia para nada y era necesario crear una taula rasa sobre la cual comenzar a escribir la historia.

Tercera imagen:
Sigo sentado en el parque; aunque la señora no ha dejado de hablar por el teléfono, lo sigue haciendo de una manera más tranquila, pero con el ceño mucho más fruncido; los perros no han dejado de correr una y otra vez detrás de "su" juguete; aparece en mi mente Borges y su concepto de acumular tiempo. Sin quererlo se unen esas tres imágenes en una misma pregunta: ¿acaso no estamos actuando como esos perros que luchan por un juguete?.

El ritmo de vida de la actualidad nos condiciona a evitar actuar en contra de lo que nos hace diferentes del resto de seres vivos. Es decir, buscamos que nuestra capacidad de acumular conocimiento, experiencias y en últimas, tiempo, sea reemplazada por nuestra capacidad no-humana de acumular energía (dinero) y espacio (bienes materiales: una casa grande, un viaje al otro lado del planeta que nos permita sentir que el mundo es pequeño). Cada vez luchamos por tener más, con la estúpida ilusión que cuando tengamos lo suficiente (lo cual rara, muy rara vez ocurre) podamos dedicarnos a acumular tiempo. Vivimos empeñados -en el sentido literal y figurado de la palabra*- en comportarnos como animales para ver si algún día podemos comenzar a ser seres humanos. Mantenemos, como los perros del parque, una lucha con nuestro vecino por un juguete que creemos que nos pertenece, pero cuando lo tenemos en nuestro poder, en lugar de poder disfrutarlo, tenemos que entregarlo a su verdadero dueño. Vivimos con la ilusión de pensar que el sábado en la tarde es para nosotros y para aquellos que nos hacen ser seres humanos. Pero mentira, vivimos en función de aquello que nos permite acumular energía y espacio. Por eso creo que en esta zoociedad quien triunfa, quien tiene la jaula más grande, es quien es más animal, no quien más la necesita. El "triunfador" en el mundo de hoy, es quien ha logrado acumular más energía y territorio, no quien es más humano -por supuesto que no me refiero al sentido "humanitario", lo digo en el sentido borgiano de acumular conocimiento y experiencia.

Según mi mínimo conocimiento en antropología cultural, casi todas las tribus que aún existen en el mundo, al igual que sus antepasados, comparten una reverencia y respeto hacia las personas mayores. En esas culturas los mayores son la fuente de sabiduría y conocimiento. Ellos tienen la última palabra, son los que han acumulado la historia de su pueblo. Sin embargo en nuestras zoociedades, estas personas parece que no existieran. El ritmo de vida de hoy necesita animales de reflejos rápidos, no la lentitud de quien ya posee el tiempo. Necesita de energía, no de sabiduría. Necesita materia, no conocimiento. Necesita animales, no personas.

Imagen final:
Sigo en el parque. La señora del teléfono ya ha dejado de hablar y parece más relajada jugando con sus perros. El timbre de su teléfono le vuelve a sonar. Esta vez parece que es algún familiar: su voz se suaviza y sus gestos mucho menos categóricos. Un remedo de sonrisa aparece en su boca (aún hay rastros del disgusto que le dejó la llamada anterior). Entre ladridos de perros y gritos de niños alcanzo a escuchar: "no mamá, no puedo ir a cenar esta noche, me llamaron del trabajo y tengo que pasar por la oficina... si, lo sé, hoy es sábado... ¿que te parece si nos vemos la otra semana?". Mientras observo la mirada perdida de la señora (¿se estará preguntando por el trabajo o por su madre?), uno de sus perros se acerca a mi. Me huele. Suena mi teléfono y el perro sale corriendo asustado. No conozco el número. ¿Será mi jefe?.

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*empeñar: 1. tr. Dejar algo en prenda como garantía del cumplimiento de un compromiso o de la devolución de un préstamo. 6. prnl. Insistir con tesón en algo.
Diccionario de la Real Academia Española.

jueves, noviembre 01, 2007

Lo siento, el presidente de Colombia no me gusta

Lo siento, el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, no me gusta. Incluso algunas veces me da miedo. ¿Por eso soy antiuribista?... no creo. Tampoco me gusta el Partido Comunista y también me darían miedo si llegan al poder, pero no soy anticomunista. Me gustan, respeto y disfruto a las personas que defienden posiciones radicales, pero me dan miedo y evito a los que defienden a ojo cerrado (generalmente también tienen la mente cerrada) las posiciones extremistas.(ver esta entrada).
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Un breve comentario sobre la siguiente entrevista a un político ruso y en la cual no pude evitar hacer paralelos con lo pasa en Colombia:
P. ¿Qué distingue a su Gobierno de los dos posteriores?
R. La diferencia principal es que hasta 2004, Rusia seguía el rumbo de los noventa, cuando se aprobó una constitución que establecía un Estado democrático con economía de mercado, respeto a la propiedad privada y a los derechos humanos. Hubo cosas inacabadas y errores, porque aquí la democracia nunca existió y no acabó de construirse, pero la orientación era correcta y yo creía avanzar con Putin por ese camino. Pero cuando ocurrió la tragedia de Beslán (el secuestro, el 1 de septiembre de 2004, de alumnos y profesores de una escuela en Osetia del Norte que dejó más de 300 víctimas mortales), el presidente, en lugar de reforzar la seguridad ciudadana en respuesta al acto terrorista, aprovechó la situación para cambiar de rumbo. Muchos no valoraron entonces el peligro, pero hoy se ve que hemos retrocedido. No tiene ninguna importancia quién dirige el Gobierno, porque al frente de todo está Putin y él es a la vez presidente y jefe de gobierno. No hay división de poderes. Ni el Gobierno ni el Parlamento funcionan como órganos independientes.
P. ¿Qué móviles rigen la política rusa?
R. Lo que le gusta al presidente.*
Recientemente leí que el principal asesor del presidente colombiano para defender a su jefe de las acusaciones de haber participado en política en las pasadas elecciones -algo en lo que todos los medios de comunicación y de opinión han coincidido en que fue así-, argumentó, entre otras sofismas de distracción, que el presidente “tiene una inteligencia superior”. Desde pequeño siempre he creído que para ser presidente de un país tan complejo como Colombia se necesita una de las siguientes tres características: un ansía de poder inmensa, ser muy ignorante y no saber donde se metía o tener una inteligencia superior y "ver más allá de lo evidente". Generalmente ha sido algo de las dos últimas con mucho de la primera. Sin embargo, ¿que uno de los argumentos para defenderse de un delito sea tener una "inteligencia superior" es válido?, peor aún ¿es serio?

Cuando oigo hablar al defensor del presidente (José Obdulio Gaviria) -es una necesidad vital de mi lado masoquista- siempre me acuerdo de Squealer el personaje de Animal Farm y que mencioné en una entrada anterior.

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*Parte de la entrevista realizada a Mijaíl Kasiánov, ex-jefe de gobierno de Vladimir Putin y publicada en El País de España el pasado domingo 28 de Octubre

martes, octubre 30, 2007

Un pequeño respiro

En el tintero tengo muchos temas para escribir y seguir preguntándome, sin embargo todos esos temas tendrán que esperar una semana. Cuestiones laborales no me dejarán actualizar este espacio por este tiempo... así que aprovecho para tomar un respiro y dar un respiro a los visitantes habituales. Sin embargo, para seguir alimentando los temas que están dando vueltas los invito a opinar al respecto, sé que son muy diferentes y muy amplios, pero bienvenidos sean los comentarios!...

  • La dualidad de esta sociedad que prima el derecho a la queja (hay que quejarse por todo, con o sin argumentos), frente al deber con uno mismo. Primero tengo derecho a quejarme, lo que haga con mi vida es cosa mía.
  • El lenguaje "no sexista": ¿que es más importante, el mensaje o el medio?... ¿es una discusión entre la pasión y lo políticamente correcto?
  • La desaparición de profesiones manuales a causa de la sociedad de consumo en que vivimos.
  • El desconocimiento, ignorancia, desprecio, no se cual de todas, de algunos libros de consumo masivo como "La sombra del viento" que en su primera edición pone a Bogotá "en la lejana Venezuela" y en la edición corregida "en la lejana Bolivia". Si esos son los libros "best-sellers", los que se lee todo el mundo, ¿como puedo esperar que alguien sepa donde queda Colombia?... lo triste es que eso pasa frecuentemente.
  • El mundo de hoy es la eterna discusión entre la cruz (en cualquiera de sus interpretaciones) y el pañuelo (en cualquiera de sus variantes). Los que defienden la cruz, con la vida misma (claro, la vida de los otros), dicen que son más adelantados que los del pañuelo, y yo me pregunto, ¿hay en este mundo algo avanzado?... ¿me pueden dar algún ejemplo?
  • Colombia y Pedro Páramo. ¿La historia de Colombia será contada por sus muertos?
  • ...

Hasta pronto

omchamat
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