Jorge Luis Borges (link a la entrevista completa)
De cara a las próximas elecciones regionales y municipales en Catalunya y Barcelona, tengo la misma sensación que tenía en Colombia cuando decidía por quién votar. Una sensación que al final, con excepción de las últimas elecciones presidenciales, me ha llevado a votar no “a favor de” -como preconiza el sistema democrático-, sino “para evitar que” o, la peor de todas “votar en contra de”. Basado en esta realidad, he clasificado los candidatos a ocupar cargos públicos de la siguiente forma:
- Candidato utópico: propone construir el mundo ideal olvidándose de la realidad social.
- Candidato con vocación política pero que defiende unas ideas no solo radicales, sino extremistas –creo que se puede ser radical (Mandela, Gandhi) pero sin ser extremista (Tea Party, Plataforma per Catalunya).
- Candidato sin vocación y oportunista. Generalmente vende ideas que garantizan un "cambio profundo y radical" de las estructuras actuales para así dejar las cosas tal cual las encontró.
- Candidato que vive de la política. El vil y simple polítiquero: tránsfugas, corruptos y corruptores.
- Candidato de profesión. Su función en las listas es la misma que cuando se compra la leche en un supermercado: a mayor variedad, más compradores. Estos personajes rara vez llegan a tener una figuración importante en las votaciones, pero si, y tal vez demasiada, en el ejercicio de poder. Son los encargados de distribuir –repartir es una palabra muy agresiva- contratos y puestos.
- Candidato mesiánico. No tiene equipo visible (Él es el partido), posee una vocación política contagiosa; es una persona que aprovecha las oportunidades y sabe unir a la población frente a un único enemigo; se siente como “un instrumento del destino”, "víctima de las circunstancias", o lo que es peor, un instrumento de un Ser Superior para cumplir sus designios en la tierra. Este candidato debate sobre sentimientos (generalmente el miedo) y no sobre ideas (o las utiliza para agitar los sentimientos). En resumen, tenemos un candidato con éxito mediático, dogmático y emocional, pues en él confluyen el show, las creencias y los sentimientos. Un candidato ideal para el exceso de información que hoy nos abruma como si fuera una espesa niebla que nos impide ver la (una) realidad.
En lo personal, como todo en este espacio, creo que el mejor candidato es aquel que ha sido "excandidato" y mejor aún el "expolítico"; es decir, el mejor político, muchas veces es el expolítico (no sé si porque me parece más inofensivo o porque la práctica lo ha hecho mejor político). Es por eso que propongo crear un programa financiado por fondos de la ONU de “prácticas en el extranjero” para las personas elegidas para ocupar cargos públicos. De esta forma se envía al extranjero al ganador de las elecciones populares y democráticas, para aplicar sus políticas en otra parte y así al regreso tendremos un expolítico, una persona que ya ha vivido el poder y la soledad del poder. Una vez de regreso, se le hace oficial su cargo. De esta forma, el programa fabricará candidatos más responsables e inofensivos y votantes más reflexivos. Políticos con garantía de ser expolíticos.

Llego al aeropuerto de Bruselas para un evento europeo. En la fila para tomar un taxi, delante de mí se hace una mujer que por la forma en que llevaba su cuerpo me hizo recordar a Emmanuelle Seigner, en su papel de Mimi en la película 

Comienza una nueva etapa en esto de intentar plasmar miradas perdidas en este espacio. Muchos cambios han pasado desde la última entrada (6 meses) y muchos más desde que la actualización dejó de ser periódica y pasó a ser esporádica. En esta nueva etapa lo único que intentaré será compartir con los habituales y no tan habituales visitantes, sensaciones recurrentes que tengo cada vez que leo un libro. Ellos serán ahora la disculpa para (re)reflexionar:.jpg)




