viernes, octubre 15, 2010

Nueva etapa...

Comienza una nueva etapa en esto de intentar plasmar miradas perdidas en este espacio. Muchos cambios han pasado desde la última entrada (6 meses) y muchos más desde que la actualización dejó de ser periódica y pasó a ser esporádica. En esta nueva etapa lo único que intentaré será compartir con los habituales y no tan habituales visitantes, sensaciones recurrentes que tengo cada vez que leo un libro. Ellos serán ahora la disculpa para (re)reflexionar:

Sobre la naturaleza humana: no importa cuántas revoluciones francesas pasen en el mundo, ni cuantos mayos del 68 ocurran en nuestros países. Fuimos, somos y seremos pequeños Jean Valjeans, Werthers, Genovevas, Tom Joads, Faustos, Ferminas Dazas o sencillamente y nada más que un Pequeño Calvin (pero el de Calvin y Hobbes, no el otro).

Sobre los cambios sociales: Cambiamos para seguir siendo los mismos. Las sociedades injustas del pasado han sido reemplazadas, o mejor, han evolucionado hacia modernas sociedades educadas, pero en la mayoría de veces, igualmente egoístas e injustas. Desde la creación/aparición de la burguesía, por allá en el siglo XII, unos pocos siempre han vivido del resto y para contrarrestar eso la sociedad ha luchado por crear un sistema más justo… han muerto muchas personas, desaparecido muchas ideas pero seguimos luchando por lo mismo. Lo único que hacemos es nadar en un mar de plastilina (Gracias Caloche).

Sobre la creatividad: No desesperéis, todo está dicho, todo está sentido. Tus sueños, palabras y sensaciones, no son tuyas, tú les perteneces. Ellas son lo único perenne.


La pregunta del final de este texto sería “adonde quiero llegar con esta nueva fase”… pues, ya lo dijo Lewis Carroll en Alicia en el País de las Maravillas (por cierto, un libro que nunca pude terminar):

- Adonde quieres llegar?
- No me importa adónde…
- En ese caso, tampoco importa la dirección que tomes -le dijo el Gato
- …
- Eso es fácil de conseguir -le dijo el Gato- ¡No tienes más que seguir andando!

Así que los comentarios, las ideas sueltas y las ideas atadas, son bienvenidas.

Hasta pronto!... (espero!)

jueves, octubre 07, 2010

Yo sé que quieren que nos alegremos...

Dificilmente -y más después de tanto tiempo sin dejar un grano de arena por este espacio- podría un artículo resumir la complejidad de la situación de Colombia y la complejidad de los sentimientos que despierta la muerte de delincuentes. Hace algunas (muchas!) entradas escribí algo que pretendía hablar de lo mismo y plantear el mismo sentimiento que se describe en el siguiente artículo, sin embargo, como buen simple aficionado, no logré siquiera acercarme al fondo del sentimiento. Así que sin más... el artículo de William Ospina(*)

omchamat


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El viejo remedio
Por: William Ospina

Yo sé que quieren que nos alegremos con la muerte de Pablo Escobar. Yo sé que quieren que nos alegremos con la muerte del Mono Jojoy. Yo sé que quieren que nos alegremos con la muerte de Marulanda. Y que nos alegremos con la muerte de Desquite, de Sangrenegra, de Efraín González.
Yo no me alegro. No me alegra la muerte de nadie. Pienso que todos esos monstruos no fueron más que víctimas de una sociedad injusta hasta los tuétanos, una sociedad que fabrica monstruos a ritmo industrial, y lo digo públicamente, que la verdadera causante de todos estos monstruos es la vieja dirigencia colombiana, que ha sostenido por siglos un modelo de sociedad clasista, racista, excluyente, donde la ley “es para los de ruana”, y donde todavía hoy la cuna sigue decidiendo si alguien será sicario o presidente.

Tanto talento empresarial de ese señor Escobar, convertido en uno de los hombres más ricos del mundo, y dedicado a gastar su fortuna en vengarse de todos, en hacerles imposible la vida a los demás, en desafiar al Estado, en matar policías como en cualquier película norteamericana, en hacer volar aviones en el aire: tanta abyección no se puede explicar con una mera teoría del mal: no en cualquier parte un malvado se convierte en semejante monstruo.

Y tanto talento militar como el de ese señor Marulanda, que le dio guerra a este país durante décadas y se murió en su cama de muerte natural, o a lo sumo de desengaño, ante la imposibilidad de lograr algo con su inútil violencia, pero que se dio el lujo triste de mantener a un país en jaque medio siglo, y de obligar al Estado a gastarse en bombas y en esfuerzos lo que no se quiso gastar en darles a unos campesinos unos puentes que pedían y unas carreteras.

Yo sé que quieren hacernos creer que esos monstruos son los únicos causantes del sufrimiento de esta nación durante medio siglo, pero yo me atrevo a decir que no es así. Esos monstruos son hijos de una manera de entender a Colombia, de una manera de administrarla, de una manera de gobernarla, y millones de colombianos lo saben.

Por eso Colombia no encontró la paz con el exterminio de los bandoleros de los años cincuenta. Por eso no encontró la paz con la guerra incesante contra los guerrilleros de los años sesenta. Por eso no encontró la paz tras la desmovilización del M-19. Por eso no conseguimos la paz, como nos prometían, cuando Ledher fue capturado y extraditado, y cuando Rodríguez Gacha fue abatido en los platanales del Caribe y Pablo Escobar tiroteado en los tejados de Medellín, ni cuando murieron Santacruz y Urdinola y Fulano y Zutano y todo el cartel X y todo el cartel Y, y tampoco se hizo la paz cuando murió Carlos Castaño sobre los miles de huesos de sus víctimas, ni cuando extraditaron a Mancuso y a Don Berna y a Jorge 40, y a todos los otros.

Porque esos monstruos son como frutos que brotan y caen del árbol muy bien abonado de la injusticia colombiana. Y por eso, aunque quieren hacernos creer que serán estas y otras mil muertes las que le traerán la felicidad a Colombia, los desórdenes nacidos de una dirigencia irresponsable y apátrida, yo me atrevo a pensar que no será una eterna lluvia de las balas matando colombianos degradados, sino un poco de justicia y un poco de generosidad , lo que podrá por fin traerle paz y esperanza a esa mitad de la población hundida en la pobreza, que es el surco de donde brotan todos los guerrilleros y todos los paramilitares y todos los delincuentes que en Colombia han sido, y todos los niños sicarios que se enfrentan con otros niños en los azarosos laberintos de las lomas de Medellín, y que vagan al acecho en los arrabales de Cali y de Pereira y de Bogotá.

Claro que las Farc matan y secuestran, trafican y extorsionan, profanan y masacran día a día, y claro que el Estado tiene que combatirlas, y es normal que se den de baja a los asesinos y a los monstruos. Pero que no nos llamen al júbilo, que no nos pidan que nos alegremos sin fin por cada colombiano extraviado y pervertido que cae día tras día en la eterna cacería de los monstruos, ni que creamos que esa vieja y reiterada solución es para Colombia la solución verdadera. Porque si seguimos bajo este modelo mental, no alcanzarán los árboles que quedan para hacer los ataúdes de todos los delincuentes que todavía faltan por nacer.

Más bien, qué dolor que esta dirigencia no haya creado las condiciones para que los colombianos no tengan que despeñarse en el delito y en el crimen para sobrevivir. Qué dolor que Colombia no sea capaz de asegurarle a cada colombiano un lugar en el orden de la civilización, en la escuela, en el trabajo, en la seguridad social, en la cultura, en la sana emulación de las ceremonias sociales, en el orgullo de una tradición y de una memoria. Yo, personalmente, estoy cansado de sentir que nuestro deber principal es el odio y nuestra fiesta el exterminio.

Construyan una civilización. Denle a cada quien un mínimo de dignidad y de respeto. Hagan que cada colombiano se sienta orgulloso de ser quien es, y no esté cargado de frustración y de resentimiento. Y ya verán si Colombia es tan mala como quieren hacernos creer los que no ven en la violencia del Estado un recurso extremo y doloroso para salvar el orden social, sino el único instrumento, década tras década, y el único remedio posible para los viejos males de la nación.
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(*)Este autor tiene otro artículo que describe la realidad colombiana de forma muy interesante: ¿Donde esta la franja amarilla?

lunes, marzo 08, 2010

Sobre votos, dinero y elecciones

El domingo pasado se hicieron las elecciones para congreso en Colombia. Pero a pesar de los avances que hemos vivido en los últimos años, muchos políticos desafortunadamente no han entendido que los votos son diferentes voces del pueblo por el que dicen sacrificarse y no un dinero que está en el aire. Al respecto, me encontré este fragmento en un cuento de Gabriel Gárcia Márquez...

Hasta pronto


omchamat

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-¿Qué haces aquí?

-C'est de la part de mon père -dijo ella.

El senador compredió. Escudriño a la guardia soñolienta, escudriño luego a Laura Farina cuya belleza inverosímil era más imperiosa que su dolor, y entonces resolvió que la muerte decidiera por él.

-Entra -le dijo.

Laura Farina se quedó maravillada en la puerda de la habitación: miles de billetes de Banco flotaban en el aire, aleteando como la mariposa. Pero el senador apagó el ventilador, y los billetes se quedaron sin aire, y se posaron sobre las cosas del cuarto.

-Ya ves -sonrió- hasta la mierda vuela.

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Muerte constante más allá del amor. Gabriel Garcia Marquez. La increíble y triste historia de la càndida Eréndida y de su abuela desalmada. Plaza & Janes. Barcelona 2002

lunes, marzo 01, 2010

Esto lo arreglamos entre todos

Desde sus inicios, este pequeño espacio ha estado abierto a aportes de diferentes personas. Este fin de semana generosamente una amiga muy querida quizó compartir conmigo el texto que aparece a continuación. Espero que esta no sea ni la primera, ni la única, ni la última participación de ella. En fin. Sin más preambulos. El texto.
omchamat
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La semana pasada se presentó la Fundación Confianza, entidad sin animo de lucro cuya finalidad "es poner en marcha un proyecto que impulse en la sociedad unos valores, que actúen de palanca para la recuperación de la confianza desaparecida con la crisis”. En este marco se crea “esto lo arreglamos entre todos”, una pagina web donde se cede espacio para que cualquiera aporte ideas “para arreglar esto”, para compartir experiencias, preocupaciones pero también historias inspiradoras de personas que con ilusión, entrega y compromiso han convertido una situación de crisis en una oportunidad para construir nuevos horizontes.


Ana Homet

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Supongo que hasta que uno no se acerca a la posibilidad de deslizarse por un abismo, no descubre todas las capacidades que guarda para enfrentar la vida y las dificultades que asoman en cada paso. Supongo que el miedo a ese abismo nos fuerza a tomar las riendas de nuestras vidas de forma adulta. Es decir, responsable, y sin depender de nadie más que de nosotros mismos. Y supongo, que el tema no es tanto “si nos dejan”, sino “a pesar de que no nos dejen”. Hablar, comunicarse, compartir, conocer las experiencias de otros no solo nos permite relativizar nuestros problemas y aprender de las experiencias ajenas en casos similares, sino que nos permite construir referentes y horizontes alcanzados por otros. Saber que alguien pudo lograr lo que apenas nos atrevemos a soñar, nos da licencia para creer que sí es posible y liberar nuestros potenciales para alcanzar nuestros fines. Independientemente de que los consigamos o no. Pero sobre todo, y lo más importante de este proceso, es el contacto con el otro, que nos aporta el calor humano y el apoyo que todos necesitamos para superar cada día, y para darle sentido a nuestra experiencia vital. Sin embargo, existe una carencia de espacio público. Y cuando digo espacio lo hago desde la perspectiva de espacio/tiempo. Esa carencia se traduce en soledades que empobrecen nuestro potencial para ser, para crear. Y en este caso para encontrar soluciones que, al final, van más allá del bienestar individual y que tiene que ver con una convivencia, equitativa, justa, y prospera para cada uno de los miembros de nuestra sociedad.

En el marco de esta todavía pequeña pero fantástica apuesta de espacio público de la Fundación Confianza, me gustaría proponer el impulso de acciones dirigidas a desarrollar una cultura del espacio/tiempo colectivo que nos permita comunicarnos, compartir y crear formas imaginativas de mejorar la convivencia, desde las estructuras más sencillas, hasta las más abstractas.

Pero como es una propuesta genérica y compleja, propongo algo un poco más concreto; por que no promover forums, ciclos y proyecciones de films donde la resiliencia sea la tónica dominante?. Hay películas que trasmiten y enseñan vivencias de personas y grupos que en momentos difíciles, con perseverancia, tenacidad, y actitud positiva, no solo consiguieron salir a delante, sino salir fortalecidos y acceder a una vida mejor. Sería una estupenda oportunidad para ejercitar la construcción de espacios comunes, de horizontes compartidos, donde desarrollar nuestra potencialidad y necesidad de comunicarnos. Una oportunidad para crear un espacio donde podamos aprender no solo de la historia de sus protagonistas, sino también de quienes las vemos.

A través del arte y de iniciativas de ocio como el cine, se podría tratar de acercar y vivenciar la experiencia de otros, con los que fácilmente nos podríamos sentir identificados, acompañados y menos aislados en nuestros problemas.

Muchas gracias por esta iniciativa!.

jueves, enero 28, 2010

¡Peligro! Alguien ha hablado (o pensado)

Hace dos días Álvaro Uribe, presidente de Colombia, sugirió, como medida para controlar la ola de violencia que (otra vez) vuelve a afectar a Medellín, “vincular a través de la fuerza pública mil jóvenes estudiantes de Medellín. ¿Requisito?, que sean estudiantes, como informantes de la fuerza pública para desterrar el homicidio”. Estas personas, mayores de edad, recibirán al mes 100.000 pesos, “a título de bonificación”. (Revista Semana)

Al respecto he oído todo tipo de comparaciones que van desde las juventudes hitlerianas hasta las Convivir (grupos de civiles armados que fortalecieron el proceso de conformación paramilitar en Colombia y que fueron concebidas durante el mandato de Álvaro Uribe en Antioquia). Comparaciones relacionadas tanto con la forma de la iniciativa como con su fondo, pero especialmente con las consecuencias que podía traer: desde ser una medida efectiva para disminuir la violencia, hasta ser una bomba de tiempo.

Casualmente a comienzos de esta semana leí un relato sobre como actuaban las redes de informantes durante la dictadura que padeció Rumania (1965-1989) bajo Nicolae Ceauşescu. Este texto, a mi parecer, demuestra la efectividad que tienen estas redes para disminuir la violencia -y, al mismo tiempo, otras cosas tan importantes como las mismas vidas que se buscan salvar.

"“Uno sabía que ese compañero que preguntaba ‘Qué dijeron ayer en RadioFree Europe’ o ‘quién te ha visitado por estos días’ era un informante de la Securitate. Cuando todos nos acabamos de convencer de que cualquier persona con la que hablábamos era un agente, los comunistas necesitaron recurrir menos a la violencia”, dice Anastasescu mientras acaba de extender su colección de periódicos."

Cuando Ceauşescu pierde el poder, el protagonista de la historia reúne a sus hijos para decirles algo muy importante:

"Los hermanitos se quedaron esperando que les dijeran que podían irse. Finalmente, era uno más de esos anuncios solemnes que hacía su padre. El señor Anastasescu se quedó callado un momento antes de darles una explicación: “No habíamos podido contárselos antes. Si ustedes lo repetían en la escuela, íbamos a tener problemas”. Ana se adelantó para hablarle al oído. Le dijo: “Habrías podido decírmelo en secreto”."

Textos extraídos de El Malpensante.

*Por cierto, y cometiendo el error de autocitarme, una entrada publicada en este mismo espacio hace un año y medio, describía un escenario ficticio inspirado en el libro de Animal Farm, de George Orwell. La entrada de hoy, me da la impresión que sencillamente ese escenario es mucho más real de lo que quiero reconocer.
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Hasta una próxima... que espero sea pronto!

viernes, octubre 16, 2009

Simplificando a Platón y a Adam Smith

Platón plantea que el ser humano tiene tres motores primordiales en las decisiones que tomamos: Deseo, Razón y Thymos. Las dos primeras hacen que la sociedad avance pues son las bases a partir de las cuales nacen los inventos y mejora la calidad de vida. Mientras que el thymos, es la necesidad de obtener reconocimiento social, personal, económico, pero sobretodo reconocimiento personal.

El deseo y la razón que propone Platón, las utilizaré para explicar las teorías de Adam Smith que, simplificando su propuesta, parte de la base que el mercado se puede auto regular gracias a la suma de decisiones racionales tomadas individualmente. Intentaré explicar esta teoría con un ejemplo: el precio de las viviendas. Comprar una vivienda es quizás la inversión más importante que una familia puede hacer a lo largo de su vida y por lo tanto nadie en sana lógica está dispuesto a invertir sus ahorros comprando una casa que está por encima de su precio real. Si cada uno de los individuos de una sociedad actúa de esta manera, el mercado se autoregula, pues nadie pagará más de lo que valen las cosas y así los precios estarán siempre en su punto de equilibrio. Una lógica aplastante. Eso es lo bueno de los economistas, que muchas veces dan la impresión de diseñar un sistema económico que funciona como una máquina de movimiento perpetuo. Una máquina que no tiene perdidas y que no para nunca su funcionamiento ni de producir beneficios.

Ayer, saliendo en coche de Barcelona en medio de un atasco trataba de imaginar las razones por las cuales las bases del modelo propuesto por A. Smith (deseo y razón), no se han aplicado a la circulación de vehículos, pues extrapolando el ejemplo de la vivienda, nadie en sana lógica está dispuesto a arriesgar su vida o su coche (depende del orden de prioridades), en un accidente de tránsito. Es decir, que si aplicáramos el modelo de autoregulación del tránsito, los límites de velocidad en las carreteras no serían necesarios ni tampoco las prioridades de paso, ni muchísimo menos los semáforos –lo del sentido de las vías si lo considero necesario, pues el sistema debe canalizar su energía de forma eficiente. Sin embargo, esto no ocurre. La normativa viaria es cada vez más explícita, más evidente y estricta al intentar controlar el thymos de los conductores.

Si comparo la autoregulación aplicada a la gestión del tránsito y aplicada a la economía, creo que los economistas deberían aprender de los responsables de la seguridad viaria en el sentido de darle la importancia que se merece el thymos en nuestras decisiones cotidianas, pues es esa la principal motivación que tenemos para buscar el camino más corto y rápido entre dos puntos, la que nos empuja a salir primeros cuando cambia a verde la luz de un semáforo o pensar que tengo prelación de paso; la que nos empuja a ser los primeros en llegar al siguiente semáforo en rojo. Si los economistas se hubieran dado cuenta que no solo somos deseo y razón, sino también thymos, sus modelos se acercarían mucho más a la realidad y se alejarían de su fructífera imaginación.



PD. Platón solo se llamaba Platón??... solo nombre o solo apellido?

lunes, septiembre 28, 2009

De ritos, ceremonias, nacionalidades y otras invenciones

Mañana dejaré por siempre de ser solo Colombiano, a partir de mañana también seré Español… no sé qué cambios representará eso en mi vida diaria, en mi forma de ver el mundo y lo que en él ocurre. No tengo ni idea. Lo único que sé es que en algo deberé cambiar, pues somos animales donde los rituales y los gestos consolidan una capa adicional a las que ya traemos y que conforma nuestra identidad.

En algo debo cambiar pues creo que lo que somos es tan solo una larga, constante e inacabable suma de ritos y ceremonias. Algunos ejemplos:
  • el día antes y el día después de la ceremonia de grado del colegio o de la universidad, somos igual de ignorantes ante nosotros mismos, pero ante los demás somos receptores de un conocimiento inmenso, tan inmenso, que rara vez podríamos saber cual es;
  • los padres que quieren garantizarle a su hijo vida eterna después de la vida finita por el solo hecho de bautizarlos, mientras que otros pretenden darle una “bienvenida cívica” a sus hijos para que así no caigan en la confusión de la religión;
  • unos se casan ante un frio y monótono juez y ese es el día más feliz de su vida, en cambio, para otros el día más feliz es cuando el cura les dice “puede besar a la novia”;
  • los españoles cuando llegaron a América se sorprendieron de los ritos salvajes de algunos indios que decapitaban a sus enemigos o adoraban al sol; estos mismos indios no podían creer en las bárbaras costumbres de los españoles de quemar a los herejes y adorar dos palos en forma de cruz.
Cruzar una frontera, del país, de la ciudad, del barrio, de la casa… cualquier línea, cualquier pared, cualquier frontera… son solo gestos, que se pueden reducir a unos cuantos centímetros o segundos entre el "antes" y el "después". Sin embargo, creo que todas las fronteras y ritos que creemos necesarios e imprescindibles en nuestra vida diaria, son tan solo invenciones de nuestra mente para sentirnos más seguros, para encontrarnos a nosotros mismos y no perdernos en el mundo; invenciones que necesitamos para saber quiénes somos, pero sobretodo, para saber quién es El Otro. El temido otro.

lunes, agosto 17, 2009

¿Quien dijo las siguientes frases?

"Una vez ha hablado el pueblo, nadie más tiene derecho a dictaminar"

"La estructura judicial debe entrar en una fase profundamente nueva y distinta"

En esta época de angustia política, en todos lados se encuentran frases y declaraciones políticas que si uno no sabe quien las dice, se pueden utilizar como escudo o como piedra sin que eso afecte en nada su fondo. Las anteriores frases las hubieran podido decir cualquier político de cualquier país. Por ejemplo de un país en "vías de desarrollo" como Alvaro Uribe a raíz de su reelección en Colombia, de un país en plena transformación de sus estructuras, como Hugo Chávez defendiendo su proyecto bolivariano, o de un país que pertenece al grupúsculo de países más influyentes del mundo, el G-7, como Berlusconi defendiéndose a si mismo... pero no, a pesar de esos sospechosos de vertientes políticas y objetivos muy diferentes, esta frase la dijo Josep-Lluis Carod-Rovira, vicepresidente de la Generalitat de Catalunya y ex-presidente de uno de los partidos políticos catalanes cuyo objetivo es lograr la independencia de Catalunya del resto España.

En Colombia, Venezuela, Italia, España, Catalunya... que importa todos son lo mismo y todos somos los mismos...

Enlace a la noticia: La Vanguardia

miércoles, julio 29, 2009

Las mismas preguntas, las mismas respuestas

Hace tiempo, mucho tiempo, que no actualizaba este espacio. El trabajo que en tiempos de crisis hay que dedicarle más tiempo y evoluciones en mi vida personal, son las principales razones para no hacerlo. Sin embargo creo que no pasa un día en que no piense “este tema podría ser interesante para el blog” e incluso algunas veces escribo mentalmente el primer párrafo, sin que nunca se conviertan en una entrada.

Sin embargo, esta pausa también ha sido una buena oportunidad para auscultar el mundo del cual siento que por momentos me desconectara y olvidara de su existencia y transformaciones. Así que intentando ver en qué ha cambiado mi entorno, vuelvo a leer esas miradas perdidas que han ido quedando en este espacio.

Una lectura rápida me lleva a pensar la dinámica que mueve el mundo sigue siendo la misma, las noticias las mismas:
  • los miedos mutando de nombre, pero siempre escondidos detrás de identidades idealizadas o de frágiles seguridades,
  • ahora en época veraniega en Europa, los titulares son los mismos (“cuidado con el calor”, “vuelve el sol y la playa”, “el problema de los turistas”…),
  • el miedo a lo diferente no cambia,
  • gracias a la crisis hay un relativo consenso que es necesario cambiar el modelo, pero da la impresión que esperemos que este cambio no afecte mi cotidianidad ni muchísimo menos la posibilidad de que cuando pase esta coyuntura, podamos comprar lo que queramos sin importar lo que necesitemos,
  • aunque para muchos algunas verdades siguen siendo muy evidentes, todavía quedamos algunos que no las logramos ver en solo dos colores (blanco o negro): inmigración, guerrilla, Uribe, Obama, Europa, “capital o muerte”,
  • el futbol y el circo que se monta en su entorno sigue siendo el opio del pueblo
  • en Colombia sigue estando presente la misma discusión a “grito pelado” en el cual ni los unos ni los otros nos hemos dado cuenta que mientras gritamos, los otros se mueren (en la selva o en la calle),
En fin, leer este espacio después de meses de no actualizarlo me da la impresión que es el el mismo tema, los mismos miedos, las mismas sensaciones, escritas con más o menos palabras… volver a leer este espacio me da la sensación de estar pedaleando en una bicicleta acuática en un mar con una corriente que siempre me regresa a la playa, a la misma playa. No pretendo huir de la playa, por el contrario, lo único que pretendo es verla desde la distancia.

Volver a leer lo escrito en este espacio es como un déjà vu de muy largo aliento y la pregunta sigue siendo la misma: ¿Qué sentido tiene este espacio?...

*Gracias a LFPH desde Cartagena (Colombia) quien fue el desencadenante de esta seudoentrada.

miércoles, marzo 11, 2009

Unas miradas perdidas por Barcelona

En una entrada anterior hablaba sobre cómo la sub-ciudad -aquella que recorremos muchas personas mientras vamos metidos dentro del metro- se va transformando en la medida que avanza el recorrido. Hoy quiero referirme al trayecto inverso y contar a golpe de imágenes y reflexiones posiblemente inconexas, las miradas perdidas que me inspira este trozo de ciudad.

Justo a la salida de mi oficina hay un edificio cuya fachada es de un tipo de vidrio que durante el día evita que se vea hacia el interior pero cuando comienza a oscurecer -las horas en las cuales supuestamente la gente deja de trabajar- y se encienden las luces de cada cubículo, se pierde totalmente la privacidad y se pueden ver los gestos de las personas o las reuniones que se estén haciendo en el momento. Cuando por las noches paso frente a este edificio, me gusta imaginarlo como un panal -tanto por sus cubículos de color miel como por su forma geométrica- que durante el día está cerrado y por la noche, como un Gran Hermano, se puede ver sin restricción qué es lo que pasa en su interior.

Llego a la esquina y busco la parada del Bicing, un sistema de alquiler de bicicletas que en el papel es ideal para una ciudad como Barcelona, pero en mi realidad una oportunidad perdida. Llevo cerca de cuatro meses sin poder acceder a este servicio pues las estaciones siempre están vacías. Lo cual puede ser prueba de su éxito o demostración de la falta de previsión. Todo depende.

Como no me hago ilusiones en esperar que llegue una bicicleta, sigo caminando y paso por un parque muy grande. Pienso en la fortuna que tienen los niños que rodean este parque, pues en el medio de Barcelona contar con un espacio como este, es un privilegio. Sin embargo, mientras pienso en esto, me encuentro con un cartel que dice que ahí está prohibido jugar con el balón, utilizar bicicletas o caminar sobre el prado. Parece que estuviera prohibido todo lo que hace un niño y me da miedo pensar que con tantas normas estamos creando pequeños buenos ciudadanos antes que sencillamente niños, ni más ni menos, niños.

En la esquina de este parque hay un quiosco de revistas y hago mi correspondiente parada para "desinformarme" leyendo únicamente los titulares de prensa. Leo que Henry, el famoso jugador francés del Barça, ha dicho que "Cataluña no es España y eso hay que sentirlo" y entiendo la alegría de aquellas personas que han tomado como su consigna de lucha política esta diferencia: un extranjero famoso había entendido su posición. Me alegro por ellos. Pero no puedo dejar de preguntarme si acaso no hubiera dicho lo mismo de otra región donde, por razones principalmente económicas, estuviera jugando. Creo que todos los sitios son tan radicalmente distintos a los otros, que para poder conocerlos hay que sentirlos, y viceversa. A veces me da la impresión que para algunas personas ser catalán es únicamente ser hincha del Barça, querer la independencia de Catalunya y tener como única lengua materna el catalán. Sin embargo, cada vez estoy más convencido que esa es tan solo una forma de ser catalán y, posiblemente, una forma que deja de lado muchas otras cosas que pueden ser igual de valiosas o incluso mucho más.

Al lado del titular de prensa de Henry, leo en grandes letras amarillas en fondo rojo que no-se-quien le pidió a su hijo que se hiciera pruebas de paternidad, pues cree que el hijo de su nuera, es decir, su propio nieto, no es suyo. En otra revista veo que la pareja ya se hizo las pruebas y que sí, que el hijo sí es de él; fin de la historia: abuela e hijo feliz, madre ex-sospechosa. Al lado de estas dos noticias me entero, por enésima vez, que uno de los miembros del gobierno catalán está en desacuerdo con los otros dos (el actual gobierno está conformado por una coalición de tres partidos: un independentista, un ecologista y un socialista). Quizás este sea uno de esos casos donde la democracia y la tolerancia no significan gobernar conjuntamente con partidos diferentes, sino sencillamente, como partidos muy diferentes intentan conservar su cuota de poder a toda costa.

En fin, dejo el quiosco de revistas y me encamino hacia la calle más curiosa de mi recorrido: en la esquina hay una agencia inmobiliaria especializada en viviendas de lujo, luego un restaurante italiano y una tienda de ropa de deportes extremos y después, un prostíbulo. Sí, así como si nada, aparece un prostíbulo en el medio de un barrio residencial y conviviendo con comercios de todo tipo. Nada que ver con esas zonas degradadas de la ciudad con las que siempre he asociado esta actividad. Pero no es la excepción, en un trayecto de unos 80 metros hay dos prostíbulos "normales", uno de diseño y otro para homosexuales, en total cuatro prostíbulos que conviven con almacenes de "toda la vida" y casas de familias comunes y corrientes. Estos locales, los prostíbulos, están tan integrados dentro de la red comercial y residencial, que más de una vez he visto cómo del restaurante chino que hay en la misma calle sale un grupo de prostitutas para seguir su horario laboral al mismo tiempo que algunos hijos traen a sus padres a una residencia para ancianos que queda puerta con puerta con uno de estos locales, o mientras llegan del colegio los niños acompañados de su niñera. Esta diversidad me ha permitido caminar algunos metros con algunas de las trabajadoras de estos sitios; escuchar indiscretamente sus conversaciones e incluso oler los perfumes que utilizan.

Justo después de esta zona residencial-comercial, hay una gran calle donde hay muchas oficinas y donde pululan los Audi, Mercedes y Porsche último modelo. Aunque no soy muy aficionado a este tema, sí me causa curiosidad ver el interior de estos coches. Siempre ves cosas curiosas: el diseño del tablero, la cantidad de botones que tiene ahora el manubrio o el tamaño de las sillas. Una día, a eso de las 4 de la tarde vi que dentro de un Peugeot último modelo había dos hombres muy bien vestidos hablando y, por sus gestos, mostrando el uno al otro algo que tenían en las manos. Al pasar junto a ellos y fijarme en sus manos vi cómo, en un gesto rápido y absolutamente desesperado, uno de ellos, el que iba mejor vestido, hacía desaparecer bajo su nariz dos líneas de un polvo blanco que tenía muy bien alineadas sobre su iPod. No comments.

De este punto a la parada de mi autobús, todo es menos extraño, o al menos después de siete años así me lo parece: las calles están limpias y en su gran mayoría adaptadas para las personas ciegas, discapacitadas e indirectamente, para los padres que van con sus cochecitos de bebé por los andenes; la gente respeta el paso de cebra y los coches los semáforos; en la parada del autobús, y aunque no haya ningún bus, todos hacemos cola esperando que llegue, sin tener que preocuparnos por si alguien nos viene a robar.

Mientras espero pacientemente el bus que sale a la hora prevista, me alegra saber que estoy en una ciudad que por su tamaño y diversidad parece estar hecha para ser caminada y por su diversidad, para ser disfrutada.
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