martes, noviembre 28, 2006

Tranquilos, aquí no pasa nada

A este "mundo desarrollado" en el que llevo cerca de 5 años le puedo encontrar muchas falencias, muchos defectos, muchas hipocresías, muchas falsas verdades convertidas en hechos incontrovertibles y veinte mil adjetivos (des)calificativos. Estos adjetivos muchas veces tienen su origen en la comparación (necesaria?) entre la realidad del mundo desarrollado y una Colombia muchas veces idealizada: maravillosa, sonriente, verde, rebosante de bienestar y alegría, con ganas de trabajar y salir adelante, que tiene zonas peligrosas, "pero que si uno sabe donde están a uno no le pasa nada", donde hay malos pero donde los buenos somos la mayoría, donde hay corrupción "pero en su justa medida" y donde nuestro problema es la droga que se consume en el exterior, que nuestros ejércitos liberadores del pueblo (en sus más variadas formas, e incluso algunas tan refinadas que llegan al congreso) se encargan de comercializar. Es decir son adjetivos que nacen de una comparación entre una experiencia personal y todos esos lugares comunes sobre Colombia que se vuelven banales pero necesarios cuando hay un océano de por medio. Sin embargo por más comparaciones que haga, hay una característica de esta sociedad que envidio, respeto y sobretodo admiro: su intento por ser intolerante frente a los hechos intolerables.

Hace unos años en Colombia hubo una investigación al presidente en torno a la recepción de dineros provenientes del narcotráfico en la campaña de elección del entonces Presidente Ernesto Samper. En su momento se calificó como el Proceso 8.000 y un alto representante de la iglesia lo inmortalizó con la siguiente descripción: no darse cuenta de la entrada de dineros del narcotráfico a las campañas era tanto como no ver un elefante en la casa. Al final del proceso unas cuantas personas involucradas, muy pocas, fueron a la cárcel y el presidente siguió en su cargo defendiéndose durante cuatro años, pero sin tiempo para ejercer como presidente. Los colombianos no tuvimos un presidente sino un acusado y su abogado defensor fue el presupuesto nacional. En pocas palabras, teniendo en cuenta la importancia y trascendencia del tema, se podría decir que no pasó nada.

En una entrada reciente decía que en Catalunya se habían celebrado las n-simas elecciones para el cargo de Presidente de la Generalitat (gobernador del departamento). Estas elecciones no estaban planeadas y fueron el producto de la negativa de uno de los partidos en el poder de apoyar unas nuevas reglas de negociación con el gobierno central. Un sencillo, pero importante, "no estoy de acuerdo" de uno de los partidos, produjo la disolución del Parlamento y la convocatoria para la elección de uno nuevo. Pero a excepción del cansancio por parte de los votantes, aquí no pasó nada, no hubo muertos, vacíos de poder, no se fueron los capitales ni nada parecido, ni mucho menos "ruido de sables". Por el contrario se hizo una transición tranquila -bueno, también es cierto que los recién elegidos son los mismos partidos que no pudieron terminar su mandato por la crisis institucional.

En estos días en Colombia se está desarrollando una investigación de los vínculos entre congresistas, militares, familiares de ministros y miembros del Tribunal Superior de Justicia con grupos paramilitares. Desde hace un par de semanas salen grabaciones, fotos y documentos que sin que se conviertan en material probatorio si cubren con un manto de duda cualquier actividad que desarrollen estas personas. Sin embargo, no renuncian, se mantienen en el cargo, dicen el popular "yo no fui", o lo mismo que durante el proceso 8.000 "cuando lo conocí era una persona respetada y no tenía ni idea de sus actividades ilegales". En un país decente una investigación de este tipo y trascendencia llevaría a una crisis institucional y se tomaría en serio la propuesta de disolver el congreso. Sin embargo, al igual que en Europa, en Colombia no pasa nada con la diferencia que es debido al miedo a que los muertos que ya se producen por la guerra en el campo, se produzcan en las ciudades. En Europa se hacen los cambios para tratar de arreglar la situación y esos cambios no generan ningún caos, en cambio en Colombia, no se hacen los cambios y se sigue viviendo en el caos.


Una mirada perdida:

* ¿Será que los políticos investigados se volverán como el inmortal Chavo del Ocho que cada vez que hacía algo malo decía "se me chispoteo" mientras que los espectadores nos moríamos de la risa?. Ya lo decía Jaime Garzón, los colombianos tenemos tan buen humor que nos pueden decir que nos van a matar y nos reímos, y que después de muertos nos van a robar y nos seguimos riendo. Es verdad que reírse de uno mismo es síntoma de inteligencia, madurez y seguridad, ¿pero no estamos convirtiendo una virtud en un defecto?

No hay comentarios.:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...